
El 27 de septiembre la Iglesia Católica Universal celebra a San Vicente de Paúl, uno de los santos más grandes de la caridad en la historia. Nacido en Pouy (Francia) en 1581, su vida fue una transformación de un sacerdote ambicioso a un "gigante" de la misericordia, dedicando su existencia entera al servicio de los pobres y abandonados.
Vicente fue ordenado sacerdote en 1600. Tras algunas experiencias que lo llevaron a una profunda conversión, descubrió su verdadera vocación: la evangelización de los campesinos pobres y el servicio a los enfermos y necesitados. Su lema era: "Es mejor hacer el bien que hablar del bien".
En 1625, fundó la Congregación de la Misión (conocidos como Padres Paúles o Vicentinos), para la formación del clero y la evangelización de los pobres en las áreas rurales. Más tarde, en 1633, junto a Santa Luisa de Marillac, fundó las Hijas de la Caridad, una comunidad de mujeres dedicadas al servicio de los enfermos y los pobres fuera de la clausura, una innovación para su época.
San Vicente de Paúl organizó la caridad a gran escala, estableciendo hospitales, orfanatos, casas para ancianos y promoviendo la creación de las "Cofradías de la Caridad". Fue un consejero espiritual de la realeza y la nobleza, utilizando su influencia para obtener recursos para los necesitados. Falleció en 1660 y fue canonizado en 1737. Es patrón de las obras de caridad, hospitales y presos, y su legado de amor efectivo a los pobres es inmenso.


