
El 30 de septiembre la Iglesia Universal celebra a San Jerónimo, uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia Latina y una figura monumental en la historia de la Biblia. Nacido en Estridón (Dalmacia, actual Croacia) alrededor del año 347, su vida fue una incansable búsqueda de la verdad, dedicada al estudio de las Escrituras y a la vida ascética.
Jerónimo recibió una excelente educación en Roma y, aunque inicialmente se inclinó por una vida secular, experimentó una profunda conversión. Después de vivir como ermitaño en el desierto de Siria, donde aprendió hebreo, regresó a Roma y se convirtió en secretario del Papa Dámaso I. Fue el Papa quien le encargó la monumental tarea de revisar y traducir la Biblia al latín.
Su obra cumbre fue la traducción de la Biblia al latín, conocida como la "Vulgata" (que significa "la común" o "la popular"). Para ello, Jerónimo no solo revisó las traducciones latinas existentes, sino que regresó a los textos originales en hebreo (Antiguo Testamento) y griego (Nuevo Testamento), haciendo de la Vulgata la versión oficial de la Biblia para la Iglesia Católica durante siglos.
San Jerónimo fue un erudito apasionado, un defensor acérrimo de la virginidad y la vida monástica, y un polemista vehemente contra las herejías. A pesar de su carácter fuerte, su amor por la Palabra de Dios era inmenso. Falleció en Belén en 420, dejando un legado imperecedero de conocimiento bíblico y celo por la fe. Es patrón de los traductores, bibliotecarios y arqueólogos bíblicos.


