
Concluida la instancia electoral, se confirmó una versión que circulaba con insistencia en los últimos días de la campaña: el abogado Alberto Natella, uno de los colaboradores cercanos del intendente capitalino Gustavo Saadi, pasará a integrar el Gabinete del gobernador Raúl Jalil. Otro reacomodamiento interno en el oficialismo que da lugar, al menos, a dos lecturas: ¿es un guiño de Jalil a sus socios en el poder o se trata de una presuntuosa transición anticipada?
Natella fue candidato a diputado nacional por Fuerza Patria en tercer término, detrás del ministro de Gobierno, Fernando Monguillot, y de la diputada provincial Claudia Palladino. Era un hecho, desde el principio, que no podía salir electo, a menos que la oposición no llegara al piso de sufragios exigidos por ley. Pero algo le tenían reservado en la cúpula oficialista.
En efecto, a principios de semana el Ejecutivo provincial anticipó cómo reorganizará la cartera política con la asunción de Monguillot como diputado nacional en diciembre próximo. Por un lado, el Ministerio de Gobierno, Seguridad y Justicia actual se subdividirá en Gobierno y Justicia por un lado, al frente del cual estará Natella, y en Seguridad por otro, donde será designado el abogado Gastón Venturini.
Natella es actualmente secretario de Salud, Desarrollo Humano y Políticas Sociales del municipio capitalino, cargo que ocupa desde 2019, mientras que Venturini viene desempeñándose desde principios de año como secretario provincial de Prevención del Delito y Participación Comunitaria de la cartera de Gobierno.
El pase de Natella al Gabinete provincial es el tercero que se produce en los dos últimos años desde el gobierno capitalino. El primero fue el del contador Juan Marchetti, quien era secretario de Hacienda municipal y fue convocado en noviembre de 2023 por Jalil para que se ocupe del Ministerio de Hacienda y Obras Públicas, que por entonces se denominaba Ministerio de Infraestructura y Obras Civiles y estaba al mando de Eduardo Niéderle, hoy ministro de Agua, Energía y Medio Ambiente.
El segundo movimiento fue el de Monguillot, quien en mayo pasado asumió al frente de Gobierno, Seguridad y Justicia en lugar de Nicolás Rosales Matienzo, que luego pasó a la cartera de Educación en reemplazo de Dalmacio Mera, designado como Defensor del Pueblo.
Monguillot, a su vez, había asumido como secretario de Gobierno municipal tras la salida de Gustavo Aguirre, quien fue elegido para encabezar la lista de diputados provinciales en las elecciones de 2021. En unos días más, Aguirre volverá al ámbito capitalino, pero ahora como concejal electo.
¿Cómo se debería entender tal movida de la cúpula oficialista? Entre las posibles interpretaciones, hay dos que tienen lógica y se basan en datos del esquema interno del peronismo catamarqueño y de cómo funciona la cabeza del primer mandatario.

"Guiños" internos
Por un lado, quienes conocen de cerca a Jalil aseguran que varios de los cambios en el plantel de funcionarios representan “guiños” o gestos políticos con sus principales socios en el frente gobernante. Por caso, sumar a su equipo a gente como Marchetti, Monguillot o Natella no es más que una muestra de cortesía o condescendencia con Saadi.
Lo mismo podría decirse respecto a Venturini, que proviene del sector de la Renovación Peronista, el mismo que integró Jalil junto a Jorge Moreno -hoy presidente del Tribunal de Cuentas-, Juan Cruz Miranda y el santamariano Jorge Andersch, entre otros. ¿Sería un gesto más hacia Moreno, cuyo hijo, Ezequiel, además fue electo diputado provincial en los últimos comicios?
Tal vez por igual motivo es que mantiene a Marcelo Murúa, hombre ligado al sector de la senadora nacional y presidenta del PJ, Lucía Corpacci, como ministro de Minería. O a Gonzalo Mascheroni, sobrino del líder gastronómico Luis Barrionuevo, al frente del Ministerio de Desarrollo Social. Así podrían mencionarse otros cargos políticos “intocables” en el organigrama provincial. Todos compromisos que siguen vigentes en la piel de Jalil.
Por supuesto, el Gobernador se reserva con bastante celo algunas áreas y colaboradores que lo acompañan desde que era intendente capitalino, como Niederle y Susana Peralta, y otros en los que confía casi a ciegas, como la ministra de Trabajo, Planificación y Recursos Humanos, Verónica Soria.
La conjetura de la transición
La segunda hipótesis de los movimientos en el Gabinete alude al escenario deseado por el peronismo en 2027: la continuidad en el poder pero de la mano de Saadi. El propio Jalil dijo en varias ocasiones que este sería su último mandato como gobernador, incluso con el argumento de que nadie debería permanecer más de 8 años en el mismo cargo.
En ese sentido, algunos dirigentes peronistas interpretan que la incorporación de colaboradores de Saadi en el Gobierno es un “mensaje” de Jalil orientado más a la interna partidaria que hacia afuera. Sería una suerte de señal sobre la dirección de los cambios, es decir, hacia dónde se encamina el proyecto político.
Esta idea de que el peronismo está viviendo solo una transición entre líderes es peligrosa en un sentido amplio. Fundamentalmente porque descuenta que nada cambiará en los próximos dos años, que los catamarqueños seguirán votando igual pase lo que pase. Que la política es estática e inalterable, algo que la historia se encargó de refutar una y otra vez.
Para Saadi, nada de eso ocurre en la realidad. De hecho, los “arrebatos” de funcionarios le han producido un serio trastorno en la gestión, por cuanto está obligado a recomenzar desde cero en cuestiones tales como las negociaciones salariales con el sindicato municipal o las acciones con los emprendedores.
Aparte, es claro que cada nuevo funcionario necesita un tiempo para lograr una coordinación fina con el intendente y los demás miembros del gabinete municipal. Y además tiene que formar un equipo propio. Porque cada uno de los secretarios municipales que pasaron a la Provincia llevaron a sus principales colaboradores, lo cual complica aún más al jefe de la Ciudad.
¿Podía negarse Saadi a cederle funcionarios a Jalil? En teoría, sí. Pero en la práctica, no. Simplemente porque la decisión de cada uno es de índole personal. Para Monguillot, por ejemplo, el Ministerio de Gobierno le pareció un “lindo desafío”. Estuvo un par de meses allí y terminará el año como diputado nacional. O sea, no le fue nada mal.
Organigrama que va y viene
Junto con el anuncio de los nuevos ministros, el Gobierno anticipó que enviará a la Legislatura un proyecto de ley para reformular el organigrama ministerial. Será la tercera modificación en lo que va del segundo mandato de Jalil.
En efecto, a poco de reasumir en 2019, el Poder Ejecutivo contaba con 17 ministerios. Tal estructura no solo le granjeó fuertes cuestionamientos de parte de la oposición política, sino que además representaba una contradicción con la Ley de Emergencia Económica que se sancionó posteriormente.
En abril de 2025, el Gobierno aprobó el decreto acuerdo N°157 por el cual modificó las leyes N°5635 y 5732 por el cual achicó a 12 la cantidad de ministerios. Entre los principales argumentos, destacó que “el contexto macroeconómico actual requiere medidas que impliquen la reducción del gasto público y la eficientización de los recursos disponibles”.
Respecto a la cartera política, la medida destacó: “Es conveniente la unificación de los objetivos y acciones del Ministerio de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos y el Ministerio de Seguridad en el ‘Ministerio de Gobierno, Seguridad y Justicia’, lo que tiene como efecto aunar estrategias y maximizar los recursos, lo que permite a su vez un enfoque transversal desde todas las áreas que componen ambas carteras ministeriales”.
Pero ahora, según se adelantó, ese ministerio se desdoblará nuevamente en Gobierno y Justicia, por un lado, y en Seguridad por el otro. En cambio, no informó aún a qué responde el cambio de criterio en tan breve lapso.
Habrá que suponer que no se debe a compromisos políticos con sectores del peronismo, o a los perfiles personales de los ministros elegidos. En otras palabras, que el organigrama se ajusta a las necesidades de la gestión y no a las personas. O a los “guiños” internos.



