Opinión

Edgar Bacchiani, el gran estafador que aguanta y sueña con un retiro holgado

El “Trader God” tuvo varias oportunidades para demostrar que tiene dinero para pagar a los inversores de Adhemar Capital. Nunca lo hizo. Y ya lleva un año detenido.
Por Marcelo Sosa

Para la Psicología forense, el perfil psicológico de un estafador se relaciona con características asociadas a la ambición, la avaricia y una gran capacidad para la manipulación y el engaño. Suelen ser personas carismáticas, observadoras, que estudian a sus víctimas y son persuasivas; hablan con mucha seguridad y saben ganarse la confianza.

Algunos consideran que los estafadores reúnen características asociadas a la psicopatía, es decir, un trastorno de la personalidad en el que hay un déficit afectivo y una falta de respeto hacia los derechos de las otras personas. O sea, carecen de escrúpulos, por lo que engañar y estafar a personas que incluso dan más de lo que tienen no les importa en absoluto.

Este perfil parece ajustarse a Edgar Adhemar Bacchiani, el CEO de la desaparecida financiera Adhemar Capital SRL (AC), quien ha cumplido sus 46 años en el Penal de Miraflores y que ya lleva 373 días detenido con prisión preventiva por el delito de “intermediación financiera no autorizada”, sin que la Justicia federal pueda dar respuesta a la pregunta del millón: ¿dónde está la plata de sus estafados?

Desde que fue detenido en su casa del coqueto barrio Pueblo Chico, en el Oeste de la ciudad, el 22 de abril de 2022, Bacchiani tuvo varias ocasiones para llevar al plano de los hechos su supuesta “voluntad de pago”.

La primera vez explicó que contaba con la plata para pagar a sus clientes, pero que los uniformados que llegaron a la sede de Adhemar Capital enviados por la fiscal cordobesa Valeria Rissi, le habían llevado dos dispositivos con los que podía acceder a los fondos. En las actas de control no surgió que hubiera alguna “Trezor wallet” (billetera fría o física), donde se almacenan criptomonedas con independencia de las plataformas de intercambio o Exchange.

Más adelante, la Justicia lo dejó que cumpla durante una semana la detención en su casa, con custodia de Gendarmería, para que accediera a sus cuentas en Binance y otras plataformas de criptomonedas en las, según decía, tenía los fondos. Por supuesto, no lo hizo. Explicó que no pudo desbloquearlas.

El juez federal de Catamarca, Miguel Ángel Contreras, le concedió otra oportunidad en agosto pasado. Bacchiani fue trasladado a la sede de la Policía Federal, donde allí sí -y no en la cárcel- tendría “buen wifi” y finalmente pudo abrir una billetera virtual en la que se constató que tenía unos 58.700 en USDT. Cuando le pidieron que mostrara los movimientos previos, se negó. Fin del procedimiento.

Un técnico que participó del operativo le explicó después al juez Contreras que la información del criptoactivo que apareció en la pantalla pudo ser generada en forma artificial o engañosa. Es decir, no era tan confiable. Bacchiani tampoco se preocupó en explicar cómo podría convertir esa representación digital en moneda de curso legal para pagar las deudas.

En otra ocasión, el autodenominado “Trader God” dijo que un “amigo” suyo le prestaría 50 millones de dólares, a razón de 1 millón por día, para que cumpliera sus compromisos. Nunca identificó al generoso benefactor, que por otra parte jamás apareció para ofrecer su abultada billetera.

Las mentiras de Bacchiani se sucedían una tras otra, para decepción de la Justicia y más desesperación de los ahorristas.

(De izq. a der.) Alexis Sarroca, José Blas y Edgar Bacchiani, el día de su detención en la Federal.

Desde el punto de vista formal, la Justicia federal no tenía por qué ocuparse de la devolución del dinero a los estafados, ya que debía limitarse a la constatación del delito de intermediación financiera no autorizada. Pero el juez Contreras admitió que lo desvelaba la posibilidad de llevarle alguna salida a los damnificados, que hasta llegaron a su casa en caravana para reclamarle tal solución.

¿Cuántos fueron los clientes estafados por la financiera de Bacchiani en Catamarca, sin contar los de Córdoba, Tucumán y La Rioja? Entre los que efectivamente reclamaron en la Justicia y los que quedaron enganchados en los “pozos” más grandes, los abogados que actúan en la causa coinciden en que habría no menos de 30.000 personas físicas.

¿Y a cuánto ascendería el monto total de la monumental estafa piramidal? Los querellantes arriesgan que sería de unos 100 millones de dólares. Hay quienes aseguran que la suma sería casi el doble, pero toman en cuenta la reestructuración de deudas y compromisos de pago de dinero que en rigor no existe más que en los papeles.

Imputados y “blindados”

Además de Bacchiani, la causa tiene como imputados a los exgerentes de AC, José Blas y Alexis Sarroca. Les siguen Héctor Rodolfo Sagripanti, Pablo Antonio Sosa, Lucas Bernardo Barrera Oro, María Lihue Banegas, todos ellos como directivos de las sucursales de la financiera en otras provincias. También está imputada por el mismo delito la expareja de Bacchiani, Zaraive Garcés Rusa.

Resta definir la situación procesal de la última pareja del “Trader God”, Sofía Piña -implicada por su participación en la dietética “Oh my Veggie”, propiedad del empresario-, y sobre todo la de su exabogado, Lucas Retamozo, sobre quien pesan diversas sospechas. Ambos fueron detenidos en diciembre pasado.

Lucas Retamozo y Sofía Piña.

Retamozo cayó luego del testimonio ofrecido a la Justicia por Aldana Donato, exempleada de AC en Córdoba, quien entregó pruebas tales como audios y capturas de pantalla que indicarían que el abogado habría sido un activo articulador de las maniobras fraudulentas en la financiera.

El abogado no solo habría sido el principal asesor legal de Adhemar Capital y del propio Bacchiani, con honorarios mensuales por la friolera de USD 50.000, sino que además está sospechado de haber armado “pozos” de ahorristas junto a Blas. Y en condición de “poceros” habrían obtenido pingües ganancias al quedarse con un porcentaje de la rentabilidad de los clientes, sin arriesgar un solo peso propio.

Al mes siguiente de ser detenido y alojado en la Policía Federal, en enero pasado, a Retamozo le encontraron en su poder cheques por unos 200 mil pesos y 33.000 dólares en efectivo. Según confiaron fuentes vinculadas a la investigación, los cheques estaban endosados y destinados a terceros. Algunas deudas pueden pagarse, por lo visto.

Si hubiera que proceder con todo el rigor de la ley, Blas debería estar detenido junto a Bacchiani en el Servicio Penitenciario de Capayán. Pero el juez Contreras le dio prisión domiciliaria porque se apiadó de su situación familiar: tiene un hijo discapacitado que necesita la ayuda de ambos padres. Blas sería, entonces, el primer “blindado” de la causa.

El segundo “blindado” al que la Justicia no pudo llegar -o renunció a hacerlo- es un abogado que intervino activamente en la reestructuración de los pagos de AC y que reapareció después en la controvertida transferencia de inmuebles de Bacchiani a favor de terceros, en lo que podría configurar una clara insolvencia fraudulenta.

Ese letrado fue, además, uno de los asesores externos de Adhemar Capital en sus tiempos de gloria. Hoy, pese a todo, es un “intocable”. La razón es que tendría un padrino político de peso en el oficialismo provincial. En ocasiones, a la Justicia se le corre la venda de los ojos.

El destino soñado

“Mi amor con las criptomonedas nace en 2013, cuando tuve la suerte de conocer Bitcoin”, contaba Edgar Bacchiani cuando llegó a Córdoba para inaugurar las oficinas de su empresa en el Cerro de Las Rosas. “Durante los primeros años me dediqué a manejar mis propias inversiones en el garage de mi casa, y una vez que logré hacer que eso explotara, decidí lanzarme al mercado”, añadió.

Porteño, hincha de River Plate y fan de The Rolling Stones, Bacchiani fue durante los casi dos años que duró su romance con el lujo, las redes sociales y sus arrebatos altruistas con instituciones deportivas un personaje público de quien todos hablaban. Era el gran seductor de la renta extraordinaria, el hombre que había descubierto la fórmula para ganarse la vida sin trabajar.  

En sus “vivos” en las redes sociales, los seguidores le pedían que se dedicara a la política, que se postulara para gobernador, que manejara la economía de Catamarca como lo hacía con su empresa. “Usted, señor Bacchiani, es un ser de luz, un salvador de la gente”, le decía con tono edulcorado una conductora radial que solía invitarlo a menudo al estudio.

La euforia devino en incertidumbre primero, en indignación y angustia después y finalmente en resignación. Solo unos pocos pudieron cobrar el capital invertido en la timba financiera montada por el “Trader”; la gran mayoría dio por perdido su dinero.

Las sucesivas oportunidades que le dio la Justicia a Bacchiani para demostrar que tenía plata para pagar las deudas fueron una auténtica farsa. ¿Sabrá el abogado que lo defiende cómo y cuándo cobrará sus honorarios?

Y otra vez la pregunta del millón: ¿dónde tiene la plata? Bacchiani insiste en que todo está en billeteras virtuales que solo él puede controlar.

Según la ley, el plazo máximo de la prisión preventiva es de 2 años, sin sentencia previa. Pero de acuerdo con la cantidad de delitos o la “complejidad de la causa” podrá extenderse a 3 años. De modo, que Bacchiani podría ser sometido a juicio y eventualmente condenado entre 2024 y 2025. El tiempo de la condena es variable.

Pero nada de eso parece importarle. Por el contrario, todo indica que su sueño podría ser el de una vejez feliz, lejos de todo y con mucho dinero al alcance de un celular.