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Clásicos del Poncho: las postales, anécdotas y rituales que ya son parte de la fiesta más grande los catamarqueños

La 54ª edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho arranca este viernes 18. ¿Qué cosas no pueden faltar? Desde el frío en el patio hasta el vasito de plástico para el vino.

Por Javier Carrizo

Cada julio, Catamarca tiene una cita con su identidad. Y aunque el programa cambia, los artistas rotan y los números crecen, hay cosas que nunca faltan. Algunas se volvieron tradición sin quererlo, otras forman parte del folclore espontáneo que rodea a la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, que este 2025 celebra su 54ª edición del 18 al 27 de julio en el Predio Ferial Catamarca.

A continuación, una lista de clásicos infaltables, pequeños ritos, escenas conocidas y anécdotas colectivas que se repiten cada año:


El hombre del gato

No se sabe cómo, ni cuándo empezó, o tal vez ahora si tengamos mas certezas sobre él. Pero cada año, en algún momento, aparece el hombre con su gato que imita el ruido de un gato encerrado en una caja, para algunos un acto cómico para otros no tanto. Lo cierto es que ya es parte del paisaje ponchero.


Perder a la gente con la que fuiste

Te metés en el pabellón de artesanos, salís por otro lado y no sabés dónde quedó tu grupo. Pasa siempre. Y después viene la odisea de encontrarlos... o disfrutar solo el resto del día.


Encontrarte con familia y amigos

Así como te perdés, también te reencontrás. Porque la Fiesta del Poncho es punto de reunión de catamarqueños que vuelven para las vacaciones o de vecinos que hacía meses no veías.


Cruzarte con quien no querías

Es un clásico menos grato... pero clásico al fin. Entre tanto público, te cruzás con esa persona con la que no querías cruzarte. Y hacés como que no la viste.


Las artesanías

Telar, cerámica, cuero, metal, madera. Podés no comprar nada, pero mirar los puestos es parte esencial del recorrido. Hay piezas que son verdaderas obras de arte.


Los turistas (y su fascinación)

Mochilas, acentos porteños, cámaras. Muchos llegan por primera vez y se sorprenden con la magnitud del evento, la calidez y la identidad que se respira.


El ambiente folclórico

Guitarras, bombos, pañuelos, bailarines espontáneos. En el aire hay música, tradición y una alegría que se contagia. Es una fiesta popular, en el sentido más noble del término.


El viento, la tierra, el frío

Porque esto es Catamarca en invierno. Abrigate bien, sobre todo si vas de noche. Y la tierra en los zapatos es casi una medalla de honor después del recorrido.


Los artistas de renombre

La grilla del escenario mayor siempre trae a alguien de peso. Puede ser una figura nacional o internacional. Lo cierto es que cada noche tiene su plato fuerte.


Las degustaciones típicas

Empanadas, tamales, humitas, quesillo, nueces, licores. Si hay muestra gastronómica, no te la pierdas. Y si hay vino, que sea en vasito de plástico, como marca la tradición ponchera.


Buscar agua caliente para el mate

Parece una tarea simple, pero encontrar el punto exacto con agua para el mate puede volverse una pequeña expedición. Consejo: llevá el termo cargado de casa.


El estacionamiento

Siempre lleno, siempre complicado. Pero ya sabés que vas a dar varias vueltas antes de encontrar lugar. Paciencia y abrigo.


El sector de los juegos

Para las infancias es un clásico. Peloteros, kermeses y juegos mecánicos que les permiten a los más chicos tener su propia fiesta dentro de la fiesta.


Preguntarle al colectivero si va al Poncho

A pesar del cartel gigante que dice “Poncho”, alguien siempre le pregunta al chofer si pasa por el predio. Y el chofer, con paciencia, responde. Porque ya lo sabe.


El patio cervecero

En las últimas ediciones, se volvió parada obligada. Buena cerveza artesanal, música y ambiente relajado para cerrar la jornada con amigos.


El patio de las provincias

Cada provincia con su rincón, su gastronomía, su música y su identidad. Un paseo federal dentro del Poncho, ideal para descubrir sabores y costumbres del resto del país.


Este viernes 18, el Poncho vuelve a abrir sus puertas. Y como siempre, vos poné el abrigo, el mate y las ganas. Lo demás... ya sabés que va a pasar.