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Los Caligaris en el Cosquín Rock: circo, amistad y la gran fiesta del 14 de febrero

Por Redacción Inforama

Desde Córdoba para el mundo, Los Caligaris regresan a un escenario que consideran su casa. La noche del 14 de febrero, a las 00.40, la banda pondrá el broche final al escenario principal del Cosquín Rock, en una función que se anticipa cargada de energía y celebración, diseñada especialmente para el público rockero de las sierras.

Martín Pampiglione, vocalista y fundador del grupo, conversa con la misma calidez y espontaneidad con la que canta. El cantante describe a la banda casi como una filosofía de vida: “Somos un colectivo en movimiento permanente, siempre de gira. Somos compañeros que compartieron un sueño”.

Recorrer el país y el exterior, asegura, es lo más enriquecedor: los traslados, las comidas, las costumbres que se descubren. “Grabar es maravilloso, hacer un video también, pero lo más fascinante es viajar. Eso expande la mente”.

Martín y su hermano Diego —Raúl Sencillez en el escenario— tuvieron una infancia nómade. Crecieron entre carpas y funciones por toda la Argentina, como parte del circo Hermanos Muñoz, el emprendimiento familiar que marcó a fuego la identidad del grupo. Esa vivencia, explica Martín, no solo lo moldeó como artista, sino que definió cómo Los Caligaris entienden el espectáculo: como un fenómeno en perpetuo movimiento, que fusiona música, teatro y raíces populares.

“Es una vida muy similar —relata—. Viajar te educa de un modo distinto. Siempre les digo a mis hijas que estudiar es fundamental, pero viajar también es una escuela”.

Fundada en 1997 en Córdoba, la banda construyó una propuesta sin etiquetas: rock, cuarteto, canciones populares y una estética circense que transforma cada recital en un evento para todas las generaciones. El nombre del grupo, tomado de la historia del payaso Caligari —que falleció en escena disimulando su agonía como parte del número—, opera como un manifiesto: entretener hasta el último aliento.

A casi treinta años del comienzo, Pampiglione reflexiona sobre la travesía recorrida. “Éramos chicos cuando arrancamos y hoy somos hombres de más de cuarenta, con familias. El logro más grande es que seguimos siendo los mismos”. Amigos que soñaron juntos, que superaron momentos brillantes y otros complejos, que hoy continúan compartiendo rutas y escenarios. “Parar y ver que tenés 30 años de banda no es algo menor”, afirma.

Esa dedicación es, para él, la esencia del lazo con la gente. “Ponemos el alma en cada presentación. Sea un estadio lleno o un lugar chico, la idea es que el público se vaya con una sonrisa, que por un rato se olvide de los problemas”. En Latinoamérica, señala, hay una historia común, dificultades similares, y la música puede actuar como un respiro colectivo: “Para generar alegría primero tenemos que disfrutar nosotros. Eso se contagia”.

México tiene un sitio privilegiado en esa historia. Fue el primer mercado que abrazó “el repertorio completo” de Los Caligaris y significó un punto de inflexión en su carrera. “Ahí despegamos de verdad”, sintetiza Pampiglione. Desde entonces, el crecimiento fue exponencial: festivales, estadios, giras por Centroamérica, Estados Unidos y Sudamérica. El recorrido es elocuente: 13 funciones agotadas en el Auditorio Nacional y dos llenos en el Arena Ciudad de México solo el año pasado. “México nos abrió caminos y después todo empezó a nivelarse”, comenta.

En ese trayecto llegaron también las colaboraciones, como “Mi vida sin tu vida”, junto a Los Auténticos Decadentes y Banda El Recodo. Un encuentro natural entre universos festivos. “Los Decadentes fueron guías y referentes, y hoy nos tratan como pares. Eso todavía me conmueve”, admite. El tema, producido en conjunto, se convirtió rápidamente en un momento cumbre del show. “Desde la intro ya se arma la celebración”, evoca.

Pampiglione asocia esa versatilidad con la forma en que el grupo se fue forjando a lo largo del tiempo, sin encasillarse en un solo estilo: “Somos una banda permeable. No hacemos un único género, siempre encontramos con quién confluir”.

Cosquín Rock ocupa un lugar emotivo y simbólico. “Es nuestro festival. Somos de acá”, dice. La presentación, adelanta, tendrá un ritmo más potente, con distorsión, clásicos obligados, cuarteto cordobés y algunas sorpresas. También una versión especial de un tema de Andrés Calamaro. “Estamos preparando algo diferente”, avanza.

"El Cosquín de hoy también evolucionó", analiza. Aquella discusión cerrada entre estilos quedó atrás. “Los jóvenes escuchan de todo y los festivales lo demuestran. Antes de nosotros puede tocar Duki y después Damas Gratis. Esa mezcla nos viene como anillo al dedo”, agrega.

Entre bambalinas, como es habitual, habrá camarines compartidos, rituales, encuentros fortuitos. “Somos como 30 personas. Siempre te encontrás con un Caligaris”, detalla entre risas.

El 2026 los encuentra con agenda completa e iniciativas en desarrollo. Un nuevo álbum con diez temas inéditos previsto para mayo, tres videoclips en producción, giras por México, Perú, Chile y la posibilidad de una gira conjunta con Los Auténticos Decadentes en la segunda parte del año. “Los proyectos te mantienen vivo. Mirar siempre hacia adelante nos mantiene concentrados”, describe.

Cada función de Los Caligaris es una vivencia comunitaria: maquillaje, disfraces, canciones cantadas a coro y una estética que el público hace propia. Así, el 14 de febrero, cuando el reloj marque las 00.40 y el escenario principal de Cosquín Rock se ilumine, Los Caligaris volverán a hacer lo que mejor saben: subirse al Fórmula 1, como dice Pampiglione, y cerrar la noche con la certeza de que la alegría compartida tiene el poder de modificar realidades.

Próximas presentaciones

14 de febrero – Cosquín Rock, Córdoba

15 de febrero – Carnavales, Santa Rosa de Calamuchita

16 de febrero – Lincoln, Buenos Aires

17 de febrero – Mar del Plata, Carnaval Bendu Arena

22 de febrero – Fiesta de Ullum y su Espejo, San Juan