
Cada 11 de agosto, la Iglesia celebra a una de las santas más luminosas e influyentes de la historia: Santa Clara de AsÃs. Amiga y seguidora de San Francisco, fue la fundadora de la Segunda Orden Franciscana, las Damas Pobres, hoy conocidas como las Clarisas. Su vida es un testimonio radical de amor a la pobreza, a la EucaristÃa y a la vida fraterna.
De la Nobleza a la Pobreza por Amor a Cristo
Clara Favarone nació en 1194 en AsÃs, en una de las familias más ricas y nobles de la ciudad. Desde joven, sintió un profundo desprecio por las vanidades del mundo y un gran amor por los pobres. Cuando escuchó la predicación de un joven llamado Francisco Bernardone, su vida cambió para siempre. Quedó cautivada por su ideal de seguir a Cristo en la pobreza absoluta.
La noche del Domingo de Ramos de 1212, Clara, con solo 18 años, huyó de su casa. En la pequeña capilla de la Porciúncula, se encontró con Francisco y sus frailes. AllÃ, renunció a sus ropas nobles, se cortó el cabello como signo de consagración y vistió un simple hábito. Asà nació la orden de las Clarisas, una comunidad de mujeres dedicadas a la oración, la penitencia y la pobreza evangélica, viviendo de la Providencia en su monasterio de San Damián.
El Milagro de la EucaristÃa y Patrona de la TV
Uno de los episodios más famosos de su vida ocurrió cuando los sarracenos (soldados musulmanes al servicio del emperador) intentaron atacar el convento de San Damián. Clara, aunque estaba enferma, se levantó, tomó el copón con el SantÃsimo Sacramento y se paró en la puerta del monasterio. Mostrando la EucaristÃa a los invasores, estos se llenaron de pánico y huyeron. Por este y otros milagros, y porque en sus últimos dÃas tuvo una visión milagrosa de la Misa de Navidad sin poder salir de su lecho, el Papa PÃo XII la nombró en 1958 patrona de la televisión.
Las Clarisas se extendieron por todo el mundo, y su presencia en Argentina es muy significativa, con monasterios que son faros de oración contemplativa en el corazón de nuestras ciudades.
Oración a Santa Clara de AsÃs
Oh, gloriosa Santa Clara, que seguiste a Cristo pobre y humilde, abandonando las riquezas y honores del mundo. Tú, que amaste la pobreza como un tesoro y encontraste en la EucaristÃa tu fuerza y protección.
Enséñanos a desprendernos de las cosas materiales que nos atan y a poner nuestra confianza solo en Dios. Ayúdanos a amar a Jesús en el SantÃsimo Sacramento y a vivir en fraterna caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
"Este artÃculo forma parte de nuestro especial 'Fe y Devoción en Agosto'. Descubrà la guÃa completa del santoral del mes haciendo clic aquÃ."
Santa Clara nos muestra que la verdadera riqueza no está en las posesiones. ¿Qué "riquezas" innecesarias podrÃas abandonar para acercarte más a Dios? ¡Contanos tu reflexión!


