
El reciente reconocimiento internacional obtenido por el vino Andreatta Blanco Dulce Natural volvió a posicionar a la Bodega Michango en el centro de la escena vitivinícola. Sin embargo, Oscar Andreatta, uno de los principales desafíos de la industria no pasa únicamente por la calidad de los productos, sino por la necesidad de adaptarse a los cambios en los hábitos de consumo de las nuevas generaciones.
Durante una entrevista en el programa El Ágora de TVEO, el empresario catamarqueño analizó cómo evoluciona el mercado del vino y explicó por qué las bodegas deben desarrollar nuevas propuestas para atraer a consumidores más jóvenes, que consumen menos alcohol, buscan experiencias diferentes y priorizan la calidad por sobre la cantidad.
Según Andreatta, “la entrada de la gente joven al mundo del vino hizo que se fuese transformando”. “Hoy los segmentos que están creciendo son los vinos blancos, vinos rosados, espumantes, vinos dulces y vinos tintos, pero de gama alta”, señaló.
El dueño de la Bodega Michango explicó que los jóvenes mantienen una relación distinta con el consumo de alcohol respecto de generaciones anteriores. “Consumen menos por una cuestión de salud, pero en un segmento de precios más alto”, afirmó.
En ese contexto, indicó que los vinos de menor precio pierden participación mientras crecen las etiquetas premium y las propuestas innovadoras.
Un vino pensado para nuevos consumidores
El empresario consideró que el éxito del Andreatta Blanco Dulce Natural, recientemente elegido como el mejor vino dulce de Argentina por el crítico británico Tim Atkin, responde en parte a esa evolución de los gustos del mercado.
El vino combina uvas Torrontés y Moscatel, posee una graduación alcohólica moderada, entre 10 y 10,5%, y conserva una importante cantidad de azúcar residual, características que le otorgan un perfil fresco. “Es un vino vivo, alegre, fácil de tomar”, describió Andreatta.
También destacó que su consumo se adapta a momentos diferentes a los tradicionales asociados al vino tinto.
“Tiene su lugar más del que nos imaginamos”, sostuvo al mencionar situaciones como aperitivos, reuniones informales o encuentros durante días calurosos.
El desafío de reinventar la industria
Consultado sobre la caída general del consumo de vino registrada en distintos mercados, Andreatta reconoció que se trata de una preocupación para el sector, aunque consideró que la industria tiene capacidad para adaptarse. "Nos lleva a reinventarnos y que pensemos vinos diferentes para ese cliente que también es diferente”, expresó.
Para el empresario, la innovación permanente es una condición necesaria para mantener la competitividad de las bodegas argentinas en un escenario cada vez más exigente. “Tenemos que reinventarnos y entender cómo competir y cómo responder a esos cambios”, resumió.
En ese marco, consideró que el sector vitivinícola argentino ha demostrado una notable capacidad de adaptación a lo largo de los años, incluso en contextos económicos complejos. Para Andreatta, el camino pasa por interpretar esas transformaciones y ofrecer productos capaces de conectar con un público que consume menos, pero que exige cada vez más calidad y experiencias diferenciadas.