
Cada 2 de abril, Argentina detiene su marcha para recordar a quienes combatieron en la Guerra de Malvinas. Es una jornada de memoria y respeto, que honra a los 649 soldados caídos y a todos los veteranos que cumplieron su juramento de defender la Patria. En Catamarca, uno de esos nombres resuena con fuerza propia, el del Sargento Primero Mario Antonio “Perro” Cisnero, símbolo de entrega, valentía y compromiso.
Nacido el 11 de mayo de 1956, Cisnero eligió el camino militar a una edad temprana. A los 15 años, sin antecedentes castrenses en su familia, tomó una decisión que sorprendió a sus seres queridos, ingresar al Liceo Militar. “Fue una decisión muy personal y muy firme, siendo tan chico”, recuerda su hermana, Gladys Cisnero, en diálogo con Inforama. Aquella determinación marcaría el inicio de una vida guiada por el deber y el amor a la Patria.
Una historia atravesada por el dolor y el orgullo
Cisnero le contó a su familia que iba a la guerra para no preocuparlos; solo se lo dijo a su hermano. Su familia se enteró casi al final del conflicto. El único que sabía era su hermano mayor, que vivía en Buenos Aires. Antes de partir, dejó una frase que hoy es muy recordada: “O vuelvo victorioso, o no vuelvo”.
El recuerdo de Gladys no esquiva el dolor. Por el contrario, lo expone con crudeza, como parte inseparable de la memoria familiar. “Ha sido un dolor inconmensurable”, confiesa. La incertidumbre, la espera y la noticia final se combinaron en un mismo día, el 13 de junio de 1982.
“Ese día nos enteramos a las 10 de la mañana que él estaba en Malvinas, y a la noche que ya había fallecido tres días antes”, relata. La noticia llegó tarde, como tantas otras en aquel conflicto, dejando una herida difícil de cerrar. “Es difícil elaborar un duelo cuando no hay un cuerpo, cuando no hubo despedida”, agrega.
Cisnero cayó en combate el 10 de junio, en uno de los episodios más recordados por su heroísmo, mientras defendía su posición frente al avance de las tropas británicas. En medio de un intenso enfrentamiento, recibió impactos de fuego enemigo mientras seguía resistiendo y cubriendo a sus compañeros. Su accionar le valió el reconocimiento como uno de los combatientes más valientes del conflicto, al punto de ser llamado “el Sargento Cabral del siglo XX”.
Malvinas: memoria viva y compromiso colectivo
Para su familia, la ausencia se transforma en una forma distinta de presencia. “El cementerio de Darwin está en Malvinas, que es nuestra tierra. No flamea la bandera, pero están ellos, que son nuestra bandera”, expresa Gladys, con una frase que sintetiza el sentido profundo de la memoria.
La reflexión también se proyecta hacia el presente y el futuro. “Todo el año debería haber un motivo para hablar de Malvinas”, sostiene. La preocupación apunta especialmente a las nuevas generaciones, muchas de las cuales no vivieron la guerra ni conocen en profundidad su historia.
En ese contexto, el testimonio también pone en evidencia otra deuda, la de la posguerra. “Muchos soldados volvieron y no encontraron consuelo ni apoyo. Son más los muertos de la posguerra que los del conflicto”, advierte.
Honrar sin matices
El Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas es, ante todo, una jornada para honrar. Más allá de las circunstancias políticas de la época, los hombres que combatieron, tanto los conscriptos, que representaron cerca del 49%, como los militares de carrera, que fueron el 51%, cumplieron con honor su deber.
La historia de Mario “Perro” Cisnero encarna ese compromiso. Su figura no solo representa a Catamarca, sino a toda una generación de argentinos que defendieron la soberanía con coraje.
A más de cuatro décadas del conflicto, su nombre sigue vivo en la memoria colectiva, sostenido por el amor de su familia y el reconocimiento de un país que, cada 2 de abril, vuelve a decir presente.



