
Pobladores de la comunidad originaria de Aguas Calientes mantienen la toma de la Escuela Secundaria en reclamo de un edificio propio y la designación de un equipo directivo estable. La medida, que ya se repite por segunda vez, responde, según manifestaron, a la falta de respuestas oficiales.
Actualmente, las clases se dictan en el salón parroquial, debido al deterioro del establecimiento. “Todo en la iglesia, no tenemos más escuela”, expresaron.
Uno de los principales pedidos es la independencia del anexo para que funcione como institución autónoma, con director, vicedirector y secretario propios. Según señalaron, el establecimiento depende administrativamente de la sede de Laguna Blanca y no cuenta con autoridades designadas de manera permanente.
Uno de los vecinos aseguró que no hubo contacto por parte del director Alberto Sánchez, quien tiene a cargo varias sedes, ni tampoco de funcionarios del Ministerio de Educación. “Mientras no venga el vicedirector y lo veamos aquí, no vamos a enviar a los chicos a la escuela”, sostuvo.
Docentes continúan cumpliendo horario, pero las familias decidieron no enviar a los alumnos hasta obtener una solución concreta.
Aislamiento y múltiples carencias
La situación se agrava por el contexto geográfico y social. Aguas Calientes se encuentra a 60 kilómetros de Laguna Blanca, a 220 kilómetros de Belén y a más de 500 kilómetros de la capital provincial, San Fernando del Valle de Catamarca. Los caminos son de huella y las distancias dificultan el acceso regular.
Además del reclamo educativo, la comunidad denuncia la falta de servicios básicos como energía eléctrica estable, agua potable y caminos en condiciones. “Nos viven mintiendo. Vienen, se sacan la foto y se van”, cuestionaron, en alusión a visitas oficiales previas.
Los estudiantes que asisten a la secundaria provienen también de parajes cercanos como Carachi y La Langostura, ubicados a unos 20 kilómetros por caminos de tierra. Las familias remarcan que el abandono institucional impacta directamente en la continuidad pedagógica de los jóvenes.
Los pobladores ratificaron que sostendrán la medida hasta que se designen formalmente directivos y se avance en la construcción o refacción de un edificio adecuado.
“Es duro vivir aquí. No tenemos luz, no tenemos agua, no tenemos caminos. Necesitamos que alguien se haga cargo de nuestros hijos”, concluyeron.


