
A días de cumplirse un año de la detención del gendarme catamarqueño Nahuel Gallo en Venezuela, un testimonio desde el exterior vuelve a poner su caso en primer plano.
Renzo Yasir Huamancho, de Perú, recientemente liberado tras un intercambio diplomático, afirmó que compartió celda con Gallo y describió el deterioro físico, el aislamiento y las prácticas de hostigamiento que se vivien bajo custodia del régimen venezolano.
Huamancho, entrevistado por DNews, aseguró que aún se encuentra “tratando de recuperarse” después de meses de encierro. Según explicó, fue trasladado entre varias cárceles “bajo mentiras”, y recordó que en la prisión del rodeo “las celdas eran tan chicas que ni siquiera había espacio para higienizarse”, además de que disponían “de apenas un litro de agua para más de 30 horas”.
El vínculo con Nahuel Gallo: “Era querido por todos”
Uno de los momentos más fuertes de la entrevista surgió cuando habló específicamente de Gallo, con quien compartió sector durante gran parte del cautiverio. “Gallo era muy querido por todos”, contó Renzo. “Le decíamos el tiktoker porque siempre le grababan cuando recibía comida: mañana, tarde y noche”. Según describió, esos videos eran una práctica habitual dentro del penal, pero su objetivo real nunca estuvo claro.
Huamancho reveló que, en medio de esas grabaciones, los detenidos intentaban enviar mensajes clandestinos al exterior. “A veces, cuando quedaba un segundo de silencio, yo lo decía: nos están torturando, nos están matando”, narró. Para evitar ser detectado, aprendía frases en distintos idiomas y las repetía frente a la cámara. “Por eso se molestaban más conmigo”, afirmó.
Renzo sostuvo que Gallo atravesaba un profundo desgaste emocional. “Él hablaba mucho de su bebé. Era lo que más le dolía”, señaló. También relató la desesperación ante la incertidumbre de su familia: “Yo gritaba aquí está Nahuel, aquí está el argentino para que alguien escuchara”.
Incluso mencionó la estrategia que usaban para que terceros pudieran certificar que se trataba del gendarme catamarqueño: “Le dije que mencione sus perros, Lucky y Woody, para que pregunten por ellos y sepan que él estaba vivo”.
Sobre el trato que recibían, Renzo no dudó en calificarlo como violento. Dijo que Gallo también fue víctima de agresiones cuando se negó a comer después de que los guardias le mintieran sobre el resultado de un partido de Argentina. “Cuando te sacan de la celda, no es bueno”, indicó.
Explicó que, con el paso del tiempo, podía observarse la “deterioración física” de todos los detenidos: pérdida de peso, mal estado en la piel por la falta de sol y cortes obligatorios de pelo.
El odio al extranjero y el miedo de los venezolanos
Renzo también se refirió al clima de hostilidad dentro del penal. “No entiendo por qué odian tanto al extranjero: al argentino, al peruano, al colombiano”, señaló. Pero también dijo que muchos venezolanos, incluso dentro del sistema, “querían ayudar, pero tenían miedo”.
Hoy, ya en libertad, asegura que superar lo vivido es un proceso lento. Y pidió a los gobiernos latinoamericanos “que no abandonen a las personas detenidas fuera de su país”.

