
A 25 años del fallecimiento de Rodrigo Bueno, El potro, su paso por Catamarca sigue vivo en la memoria popular. El artista se presentó dos veces en la provincia: primero en 1999 en el boliche "La Casona" de San Antonio, Fray Mamerto Esquiú, y luego el 1 de junio del 2000 en el Anfiteatro de Valle Viejo. Fueron noches cargadas de carisma, emoción y, sobre todo, cuarteto.
Durante su primera visita, Rodrigo sorprendió al público con su cercanía y espontaneidad. En medio del show cantó una canción de cuna a su sonidista, celebrando el nacimiento de su hijo, y estrenó con papel en mano lo que luego sería uno de sus grandes hits: Fuego y Pasión.
Esa misma noche, conoció al joven catamarqueño Walter Olmos, de apenas 17 años, a quien invitó a Córdoba para apadrinarlo y llevarlo de gira. Ese encuentro marcó un antes y un después en la vida del catamarqueño que también se convertiría en leyenda.
La segunda presentación de Rodrigo en Catamarca tuvo lugar solo semanas antes de su muerte, en junio del 2000. Allí compartió escenario nuevamente con Walter Olmos, luego de un breve distanciamiento. Cerró aquella velada agradeciendo a la Virgen del Valle, arrodillado ante el público, besando una medalla en su pecho y anticipando su próxima aparición en la televisión nacional. Un gesto que hoy, más que nunca, resuena con fuerza entre sus fanáticos.
Aunque sus grabaciones datan de hace más de dos décadas, Rodrigo sigue siendo uno de los artistas más escuchados en plataformas como Spotify y YouTube. Su música no perdió vigencia: atraviesa generaciones y continúa sonando en hogares, fiestas y estadios. Nadie lo olvida, y su figura permanece como símbolo de autenticidad, carisma y pasión popular.
En Catamarca, su legado está vivo. No solo por los recuerdos de aquellos shows únicos, sino también por la semilla artística que dejó en Walter Olmos y en toda una generación que creció escuchando sus letras.



