En el vasto territorio argentino existen rincones poco explorados que ofrecen una alternativa auténtica para el turismo, lejos de los circuitos convencionales. En una provincia del norte, un pequeño poblado permanece oculto entre las montañas, preservando una serenidad que parece detenida en el tiempo.
Visitar este sitio implica emprender un viaje hacia el pasado y descubrir un modo de vida completamente diferente al de las grandes urbes. Sus caminos de tierra y sus tradiciones invitan a una estadía prolongada, ideal para una desconexión profunda.
La ubicación de Aicuña
Aicuña es una pequeña localidad de la provincia de La Rioja que ha ganado interés turístico. Se sitúa a una altitud que oscila entre los 1500 y los 1800 metros sobre el nivel del mar, completamente envuelta por cerros.
Su enclave montañoso la mantuvo aislada del desarrollo experimentado por otras localidades de la zona. Su trazado urbano se aparta del diseño cuadriculado tradicional, presentando una calle principal curva y viviendas dispuestas en zigzag, adaptándose a la topografía del terreno.
Qué actividades realizar en Aicuña
La principal propuesta para el visitante es recorrer los alrededores y contemplar el paisaje. La combinación de flora norteña, como algarrobos y nogales, crea un fuerte contraste con la aridez de la montaña, permitiendo capturar imágenes impresionantes.
El pueblo carece de grandes complejos hoteleros, ofreciendo en cambio alojamientos de carácter rural que permiten conocer la vida local. El hostal "La Casa", gestionado por una residente, brinda hospedaje, comida casera y la posibilidad de pasar unos días en tranquilidad.
Además, la historia del lugar guarda un dato genético que suele sorprender a los turistas. Durante décadas, se registró una prevalencia inusualmente alta de albinismo entre sus habitantes, un fenómeno poco común que atrajo la atención de investigadores de todo el país.
Cómo llegar a Aicuña
Para acceder en vehículo desde otras regiones, la ruta principal conduce primero a la provincia de La Rioja. Desde allí, se debe tomar la conocida Ruta Nacional 40, la vía asfaltada que recorre la zona en dirección hacia la Cuesta de Miranda.
Al alcanzar el Paraje Las Higueritas, es necesario estar atento a la señalética para encontrar el desvío correcto de tierra. A partir de ese punto, comienza un tramo de aproximadamente diez kilómetros frecuentado por visitantes, que requiere manejo prudente hasta llegar a la entrada del pueblo.
