La inmunización en la tercera edad está mostrando ventajas que superan el objetivo principal de evitar enfermedades infecciosas. Evidencias científicas recientes indican que las vacunas también contribuyen a disminuir internaciones, problemas cardíacos y la posibilidad de desarrollar demencia en personas mayores. Sin embargo, los índices de aplicación en este grupo etario continúan siendo reducidos.
Si bien la función central de las vacunas sigue siendo proteger contra patologías graves, en los últimos años se ha reunido información que demuestra efectos positivos adicionales en la salud de los adultos mayores. Estos beneficios, conocidos como "no específicos" o "secundarios", indican que la inmunización podría influir en mecanismos más amplios del cuerpo humano.
Beneficios que van más allá de la prevención
Las investigaciones comenzaron a notar que evitar infecciones también puede reducir procesos inflamatorios crónicos en el organismo, vinculados a afecciones cardiovasculares y deterioro mental. Estudios con seguimientos prolongados asocian la vacuna antigripal con menores índices de falla cardíaca, infartos y ACV en la población anciana.
Información más actual sugiere que la vacunación contra el Virus Sincitial Respiratorio (VSR) también podría disminuir hospitalizaciones por causas cardiorrespiratorias, aunque aún se necesitan análisis a más largo plazo para confirmar su impacto concreto en eventos cardiovasculares.
En el caso del Covid-19, la inmunización se relacionó con un menor peligro de desarrollar Covid persistente, una condición que afecta la salud física y psicológica y puede dejar secuelas duraderas, sobre todo en personas de edad avanzada.
Vacunas y salud cognitiva
Uno de los descubrimientos más significativos tiene que ver con la disminución del riesgo de demencia. Un metaanálisis internacional que incluyó a más de 100 millones de personas halló vínculos entre varias vacunas y una probabilidad menor de sufrir deterioro cognitivo.
La vacunación contra el herpes zóster (culebrilla) se asoció con una reducción de aproximadamente el 24% en el riesgo de demencia. La vacuna contra la influenza mostró una disminución cercana al 13%, mientras que la vacuna antineumocócica se vinculó con una baja importante en el riesgo de desarrollar Alzheimer. También se observaron efectos positivos en adultos mayores que recibieron la vacuna Tdap (tétanos, difteria y tos ferina), que se aplica cada diez años.
Aunque la mayoría de estos estudios son observacionales y no permiten establecer una relación causa-efecto directa, algunos análisis aprovecharon diferencias por edad en campañas de vacunación para comparar grupos muy similares, lo que fortalece la solidez de las conclusiones.
Cobertura de vacunas insuficiente y desafíos actuales
A pesar de esta evidencia, una parte considerable de la población mayor no accede a las vacunas sugeridas. En países como Estados Unidos, menos de la mitad recibió la vacuna contra el VSR, alrededor de un tercio no se inoculó contra la gripe y la cobertura de la dosis más reciente contra el Covid sigue siendo baja. La vacuna antineumocócica, recomendada para mayores de 50 años, también presenta niveles de aplicación muy por debajo de lo esperado.
Esta escasa cobertura deja a un grupo vulnerable expuesto no solo a enfermedades infecciosas, sino también a la falta de beneficios adicionales que podrían ayudar a un envejecimiento más saludable y con mayor calidad de vida.
