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Febrero en La Rioja: arranca la fiesta de la Chaya, tradición y alegría

Se acerca la Fiesta de La Chaya 2026 en la vecina provincia de La Rioja y los fanáticos quieren saber todos los detalles.
Con respecto a sus inicios, se encuentra en las comunidades diaguitas que poblaban estas tierras antes de la llegada de los colonizadores europeos. Aquellos pueblos conmemoraban los ritmos naturales y ofrendaban a la Pachamama para agradecer la fecundidad del suelo y solicitar prosperidad. Con el correr de los siglos, estos ritos se amalgamaron con costumbres criollas y componentes del almanaque cristiano, gestando una celebración singular y cargada de simbolismo.

El término “Chaya” deriva del vocablo quechua *chayar*, que quiere decir “humedecer” o “asperjar”. De allí surge la acción central del festejo: rociar con agua, harina y albahaca, elementos que representan la bendición, la limpieza espiritual y los buenos presagios. Este ceremonial, que se reitera cada ciclo, mantiene un profundo sentido de colectividad.

De acuerdo con el historiador riojano Víctor Robledo, "El carnaval y la chaya son cosas diferentes; por un lado, la fiesta del carnaval es una conmemoración de origen español y posee un significado desde el catolicismo, mientras que la chaya es una tradición completamente autóctona, creada por los diaguitas para celebrar y agradecer a las deidades por la cosecha que iniciaban."

“La chaya es una festividad agrícola que realizaban los pueblos originarios, previo a la llegada de los españoles. Dicho festejo lo hacían los diaguitas que se hallaban asentados desde el sur de Salta hasta el norte de San Juan”, precisó, y además detalló que el origen de la celebración “Era una ofrenda a los dioses de la fertilidad por lo cosechado (maíz, poroto y zapallo)”.

“Los pueblos originarios celebraban la cosecha, fuera buena o mala, siempre agradecían a la madre tierra y a los dioses de la fertilidad por lo obtenido”, relató el historiador.

Aunque la tradición milenaria se fue transmitiendo entre generaciones, Robledo afirmó que hubo componentes que se fueron incorporando a la celebración, como el uso de la albahaca y de instrumentos como la caja, que hoy son característicos.

En la Chaya no existen espectadores: todos son partícipes. En los barrios, los patios y los cerros, la música, las coplas y el encuentro comunitario quiebran las rutinas diarias y robustecen los vínculos sociales. Es un tiempo para compartir, cantar y celebrar la vida en común.

Para el pueblo riojano, la Chaya es identidad, memoria y pertenencia. Es una herencia que pasa de padres a hijos y que reafirma el orgullo por los orígenes culturales. En cada puñado de harina y en cada copla improvisada, La Rioja vuelve a narrar su historia y a festejar lo que es.

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