
El Jueves Santo recuerda episodios centrales narrados en el Nuevo Testamento, la Última Cena y la oración en el huerto de Getsemaní, momentos que marcan el inicio de los acontecimientos que conducirán a la crucifixión de Jesucristo.
Según el Evangelio de Lucas, durante la Última Cena, celebrada en Jerusalén en el contexto de la Pascua judía, Jesús compartió el pan y el vino con sus discípulos y les dio un nuevo significado. El texto señala: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20).
Este gesto dio origen a lo que en el cristianismo se conoce como la Santa Cena o comunión, una práctica que millones de creyentes continúan realizando en la actualidad como recordatorio de su sacrificio. Más que una despedida, fue también una forma de preparar a sus seguidores para los acontecimientos que tendrían lugar en las horas siguientes.
Tras la cena, los Evangelios sitúan a Jesús en el huerto de Getsemaní, a las afueras de Jerusalén. Allí se retiró a orar en un momento de profunda angustia. La Biblia relata: “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación” (Lucas 22:39–40).
Más adelante, el pasaje describe: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).
Para la doctrina cristiana, este episodio es interpretado como el comienzo de la Expiación, el proceso mediante el cual Jesucristo asumiría el dolor y las consecuencias del pecado humano. En ese contexto, su oración expresa la decisión de cumplir con la voluntad divina, aun frente al sufrimiento.
Mientras tanto, sus discípulos permanecían cerca, sin dimensionar completamente la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Poco después, ese mismo lugar sería escenario de su arresto, dando inicio a los hechos que se conmemoran el Viernes Santo.
Aplicación actual
El Jueves Santo, así, reúne dos escenas con un fuerte significado para los cristianos. Por un lado, la institución de la Santa Cena como recordatorio permanente de su sacrificio; por otro, la oración en Getsemaní como antesala de los acontecimientos finales.
En la actualidad, esta jornada también puede presentarse como una instancia de reflexión personal. En ese sentido, el Jueves Santo puede ser una oportunidad para que los creyentes se pregunten qué aspectos de su vida están dispuestos a cambiar, en un camino de arrepentimiento y superación, a la luz del sufrimiento que, según la fe cristiana, asumió el Salvador por la humanidad.
