Cada 2 de septiembre la Iglesia Católica celebra a San Juan Macías, un humilde fraile dominico, contemporáneo de San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima, y una de las figuras más veneradas del virreinato del Perú. Nacido en Ribera del Fresno, Badajoz, España, en 1585, su vida es un testimonio de profunda fe y caridad.
Desde joven, Juan Macías se dedicó al cuidado de rebaños y ya mostraba una inclinación a la oración y la penitencia. A los 25 años, movido por el deseo de servir a Dios, viajó a América. Después de una breve estancia en Cartagena de Indias y luego en Nueva Granada (actual Colombia), llegó a Lima, Perú, en 1619.
En Lima, ingresó como hermano lego en el convento dominico de Santa María Magdalena, donde pasó el resto de su vida sirviendo como portero. Esta humilde labor le permitió interactuar diariamente con los pobres y necesitados que acudían al convento en busca de ayuda. Se dedicó incansablemente a la caridad, distribuyendo limosnas y alimentos, y cuidando a los enfermos.
San Juan Macías era conocido por su profunda devoción a la Virgen María y al Santo Rosario, rezándolo constantemente. También se le atribuye un amor extraordinario por los animales, a quienes cuidaba y alimentaba, especialmente a los burros que usaba para transportar donaciones. Falleció en Lima en 1645 y fue canonizado por el Papa Pablo VI en 1975.
