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Por qué crecen las estafas virtuales en Catamarca: entre los perfiles abiertos y la ingeniería social

¿Por qué razón Catamarca triplicó el promedio nacional de estafas virtuales? No existe una respuesta, sino solo suposiciones: falta de educación digital, crisis económica, alto nivel de endeudamiento, propensión a buscar descuentos o ventajas, la costumbre de usar perfiles abiertos en las redes sociales. Todas causas que bien pueden ser comunes en el resto del país, pero que en esta provincia parecieran adquirir mayor peso. De hecho, en lo que va del año hubo medio millar de denuncias en la Justicia.

De acuerdo con el Informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) de 2025, publicado por INFORAMA el 27 de junio pasado, Catamarca registró 321,4 hechos cada 100 mil habitantes, casi el triple del promedio nacional (108,1). En total, se reportaron 1.411 estafas y defraudaciones asistidas virtualmente en toda la provincia.

La curva en Argentina es ascendente. Según los datos relevados por el SNIC, de 34.801 hechos en 2023 se pasó a 48.916 en 2024 y a 50.155 en 2025. En otros términos, este delito ya no es una anomalía, sino una tendencia consolidada.

Anatomía de la estafa

El universo más amplio de víctimas sigue siendo el de las llamadas telefónicas tradicionales, pero el delito mutó y diversificó sus canales:

En todos los casos aparece un mismo método de base: la ingeniería social, es decir, el trabajo de campo que hacen los ciberdelincuentes para reunir información sobre sus víctimas antes de actuar. Cuanto más organizada la banda, más sofisticado ese trabajo previo.

 

El perfil de las víctimas

Los adultos mayores encabezan la lista de víctimas, seguidos por los más jóvenes. Pero en Catamarca también cayeron profesionales, un dato que sorprende a los que investigan estas hechos y que derriba la idea de que la estafa virtual golpea solo a quien "no entiende de tecnología".

Hay un patrón que se repite en Facebook, donde los usuarios mayoritariamente son mayores de 40 y 50 años y que acostumbran a exponer buena parte de su vida cotidiana. Publican viajes, y de ese modo informan, sin saberlo, que su domicilio está vacío. Y además quedan expuestos a que desde perfiles falsos les ofrezcan "descuentos exclusivos", "reembolsos de vuelos" o "membresías de hotel" diseñadas exclusivamente para vaciar sus cuentas.

También hubo casos de gente que se quejan públicamente de un reclamo no resuelto con el Banco Nación, y poco después reciben un llamado de alguien que dice ser del banco. El perfil digital abierto es, en sí mismo, una puerta de entrada.

En este sentido, en la Fiscalía de Instrucción N°7 especializada en ciberdelitos, a cargo de Paola González Pinto, utilizan el concepto “perspectiva digital” para trabajar con estos casos. Así como existe una perspectiva de género para abordar la violencia machista, aquí se plantea la necesidad de asumir que todos son vulnerables frente al ciberdelito.

No importa el nivel educativo ni el poder adquisitivo: todas las personas -o la inmensa mayoría- tiene deudas, son atraídas por una promoción o un descuento atractivo, a veces demasiado generoso, y esa combinación es exactamente el terreno donde opera la ingeniería social. En el contexto económico actual, con el ingreso familiar ajustado y la necesidad de estirar cada peso, esa exposición se agrava. Porque la urgencia por una ventaja económica baja las defensas de cualquiera.

 

La maquinaria delictiva

Detrás de buena parte de estos hechos hay una estructura organizada, no un estafador aislado. Según los investigadores, existe gente dedicada a recolectar datos en la “dark web” y trabaja con conexiones locales, que además se nutre de información abierta que circula en redes sociales.

Un engranaje clave son las llamadas “cuentas mulas”: cuentas bancarias que no pertenecen al estafador, sino que son prestadas o vendidas por sus titulares ("muleros") para recibir el dinero de las víctimas y redistribuirlo rápidamente hacia otras cuentas. Ese circuito hace que el rastreo del dinero sea extremadamente complejo, y es, además, el punto de convergencia entre bandas que operan desde afuera de la provincia y cómplices locales.

Cuando el pago se hace en criptomonedas, el problema se agrava: la Justicia tiene serias limitaciones para investigar, porque carece de herramientas tecnológicas adecuadas para rastrear ese tipo de operaciones. La carencia de esta tecnología es precisamente lo que ha trabado el avance de la investigación en el caso del hackeo al Boletín Oficial.

 

Aliado externo

Según pudo reconstruir Inforama, los resultados de las investigaciones fiscales han sido, hasta ahora, satisfactorios cuando los estafadores son de Catamarca: se los identifica, se los imputa y llegan a juicio. El problema aparece cuando el origen es externo: en esos casos, la Justicia provincial debe declinar su competencia.

La proporción, según estimaciones judiciales, es de 60% de estafadores externos contra 40% locales.

Cuando se detecta una maniobra con afectación de cuentas bancarias o billeteras virtuales, la fiscalía solicita al juez de Control de Garantías el cese del descuento, y se libran oficios a bancos, billeteras y tarjetas de crédito. A veces el rastreo se frustra por la imposibilidad de dar con la geolocalización del delincuente.

Un aliado clave en esta etapa es COELSA (Compensadora Electrónica S.A.), la empresa que controla las operaciones de pago digitales en la Argentina y que actúa con más rapidez que las entidades bancarias: bloquea pagos a través del CUIL y reconstruye la trazabilidad de la operación.

En este punto, el tiempo es determinante: cuanto antes se radique la denuncia en una Unidad Judicial, mayores son las chances de recuperar el dinero o identificar a los responsables.

 

Claves para protegerse

 

No obstante, ninguna de estas recomendaciones alcanza si se cree que la estafa virtual le pasa "al otro", al que no entiende de tecnología o al que es descuidado. Precisamente el concepto de perspectiva digital nace de admitir lo contrario: todos comparten las mismas vulnerabilidades que explota el delito: la necesidad de que el dinero rinda más y la confianza -quizás excesiva- en lo conocido. Mientras esa combinación exista, Catamarca seguirá siendo terreno fértil para los ciberdelincuentes.

 

¿Por qué Catamarca?

Entre las hipótesis que explican este fenómeno aparecen la crisis económica -aunque es nacional, no exclusivamente catamarqueño-, el nivel de endeudamiento de las familias, la falta de educación digital y una costumbre más local: la tendencia a buscar ventajas, descuentos o "atajos" antes que desconfiar de una oferta demasiado buena.

A esto se suma un antecedente reciente que todavía pesa: el de las financieras que en plena pandemia (2020-202) prometían rentas extraordinarias en inversiones cripto, pero terminaron siendo vulgares esquemas piramidales. En ese momento, buena parte de la sociedad catamarqueña tuvo la ilusión de "vivir de rentas" con solo entregar sus ahorros a un experto en inversiones. Hoy Edgar Bacchiani (Adhemar Capital), Edgardo Bulacios (RT Inversiones) y Juan Casado Tolosa (Betabank), entre los principales responsables, están procesados por la Justicia.

El engaño de los esquemas Ponzi en Catamarca no parece haber dejado una lección aprendida. Tal vez sobreviva el espejismo de que es posible ganarle a la adversidad con una operación oportuna y ventajosa. Y también la idea de que existe alguien dispuesto a ofrecer un buen negocio a cambio de muy poco.

Pero la realidad, está a la vista, sigue siendo igual de inclemente.

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