
No hay caso, Susana Zenteno es así. Frente al conflicto municipal, los ataques de la oposición y los siempre presentes reclamos de los vecinos por el deplorable estado de las calles, la intendenta peronista de Valle Viejo solo atina a responder con su estilo angelical, pretendidamente inocente. “El amor siempre gana”, repite a menudo, casi como un mantra. Lo dijo a fines de mayo pasado al presentar su nuevo espacio político, “La Colmena”, y lo reiteró días después en un video que subió a sus redes para salir al cruce de las críticas. El problema es que las deudas que mantiene el municipio con vecinos y trabajadores no se pagan con amor sino con gestión.
En lo inmediato, el primer frente de la administración Zenteno es, tal vez, el que mejor refleja la falta de pulso político: el conflicto con el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOEM) de Valle Viejo. Porque lo que debería haber sido una negociación salarial como tantas otras escaló hasta convertirse en un escándalo con denuncias cruzadas y acusaciones de persecución sindical.
Los trabajadores reclaman un incremento salarial del 30% como primera medida, pero la comuna ofreció un bono de $30.000 este mes y otro similar en la segunda quincena de julio. Para el gremio municipal, no solo se trata de un pago insuficiente, sino también informal porque no se integraría al sueldo. Ante la falta de respuestas, los municipales cortaron el tránsito e impidieron la salida de los camiones recolectores de residuos y los de bacheo.
Finalmente, a última hora del martes pasado el gremio fue notificado de la conciliación obligatoria dictada por la Dirección de Inspección Laboral (DIL) a pedido del municipio, con lo cual se levantaron las medidas de acción directa. La audiencia entre las partes será el miércoles 24, a media mañana, en las oficinas del organismo en el CAPE.
Desde que empezaron los reclamos, no hubo ningún encuentro de la intendenta Zenteno con el gremio municipal. En otras ocasiones, ella recibía en su despacho a los jefes sindicales de UPCN y ATE, pero esta vez dio a entender que se sentía extorsionada por el paro y molesta porque los vecinos eran rehenes de una situación que los excede. De hecho, precisamente en eso consisten los paros; siempre hay terceros afectados.
Y mientras Zenteno se mantuvo al margen del diálogo, quien curiosamente se acercó a hablar con los municipales fue el mismísimo gobernador Raúl Jalil. Lo hizo el pasado sábado 13, en el parador de Tres Puentes, lugar del acampe municipal. Según trascendió, Jalil habría transmitido a los trabajadores que la intendenta estaba dispuesta a recibirlos siempre y cuando levantaran el paro. Cualquiera menos el Gobernador tendría que haber sido el mediador, pero Jalil suele hacer estas gestiones sin que nadie le pida. Lo increíble es la ausencia del municipio chacarero.
El hecho de no abrir canales de diálogo propios es una confirmación de que Valle Viejo no resuelve sus propios problemas puertas adentro, y que el Gobierno -o quizás el propio Jalil- se ve obligado a asumir un rol que no le corresponde para evitar que la crisis se desborde. Queda claro que el amor de Zenteno no surte efecto en estos conflictos tan frecuentes en municipios.
Calles imposibles
El segundo frente es menos reciente, pero muy importante: son las calles de Valle Viejo, que desde hace años están destruidas en varios de los puntos más poblados. No es una exageración: el barrio Jardín de Las Chacras, en Villa Dolores, ubicado a media cuadra del hospital local, queda literalmente convertido en una laguna de barro tras cada lluvia, con vecinos que denuncian quedar aislados y temen no poder recibir una ambulancia a tiempo en caso de emergencia. En el Loteo Don Martín y los sectores de Sumalao, los autos quedan encajados en zanjas invisibles bajo el agua acumulada. En San Isidro y Santa Rosa, el terreno se hunde progresivamente sobre las cañerías mal compactadas de una obra de cloacas que arrastra fallas desde su ejecución original.
Aquí aparece un dato central: Valle Viejo es el municipio que más asistencia recibe de la Provincia en materia de obra vial. Cuadrillas de Vialidad provincial trabajan en el departamento, y el propio gobernador Jalil se comprometió a no retirarlas hasta terminar los trabajos.
"Hasta que no terminemos de asfaltar todo Valle Viejo, Vialidad no se va", aseguró Jalil el 5 de agosto de 2025, durante una visita y recorrido de obras en el departamento.

De hecho, hay avances concretos, como las obras en la avenida Enrique Ocampo, en el barrio 140 Viviendas, barrio La Antena, Los Olivares e INTA I y II. En el Loteo Rebellato, Vialidad dio por finalizados 1.200 metros lineales de pavimentación junto con la base estructural para drenaje pluvial.
El dilema es que en Valle Viejo hay mucho por hacer y el resto de los catamarqueños no puede asumir las consecuencias de la falta de gestión en ese municipio que, a decir verdad, viene desde hace varios años: el pésimo manejo que hicieron la comuna y el Gobierno provincial con la ambiciosa obra de cloacas adjudicada a la empresa COARCO está a la vista. Lo sufren día a día gran parte de los chacareros.
Lanzamiento inoportuno
El tercer frente es bien elocuente respecto al criterio político de la actual gestión. Con el conflicto municipal en ciernes y buena parte de las calles intransitables, Zenteno decidió que era el momento oportuno para lanzar "La Colmena", su nuevo espacio político, con el respaldo de la senadora nacional y presidenta del PJ catamarqueño, Lucía Corpacci.
Según explicaron sus propios impulsores, el objetivo de la agrupación es "fortalecer el vínculo entre el peronismo y la comunidad", monitorear problemáticas y "aportar información sobre las distintas realidades del departamento". Los principios del espacio denotan al menos un alto nivel de improvisación. ¿Acaso no es tarea del municipio conocer las necesidades de los vecinos, relevar sus problemas, articular respuestas?
¿Entre sus dos centenares de funcionarios Zenteno no tiene quién se ocupe del trabajo comunitario? ¿Se le ocurrió asignar aquella misión a las delegaciones barriales? Ya que carece de presupuesto para arreglar calles y pagar mejores sueldos al personal de planta, ¿no pensó en sus equipos técnicos para relevar las inquietudes vecinales? ¿Habla al respecto con los concejales afines? ¿O quizás “La Colmena” no sea más que un trampolín para pelear otro cargo electivo en 2027?
Lo cierto es que no hace falta crear una agrupación partidaria para hacer lo que la propia estructura del municipio debería encarar de oficio.
Mientras la gestión municipal desnuda fisuras evidentes en su capacidad de administrar lo cotidiano, la intendenta invierte tiempo y recursos políticos en blindar su base territorial en el peronismo local. Si bien es una decisión legítima desde la lógica partidaria, resulta claramente inoportuna respecto a su responsabilidad pública.
Un mismo diagnóstico
Lo que conecta estos tres episodios no es la coincidencia temporal, sino algo más profundo: la intendenta Zenteno necesitó algo externo para sostenerse. Por caso, que el Gobierno pusiera operarios y máquinas para arreglar las calles de su jurisdicción y hasta que mediara en el conflicto gremial. Y necesitó, según el propio diseño de "La Colmena", una nueva estructura paralela para delegar lo que el municipio ya debería estar haciendo. Todo de afuera, nada propio.
Los dos últimos meses dejaron en evidencia algo que en Valle Viejo se sabe hace tiempo, pero que ahora se volvió innegable: el municipio no puede resolver sus problemas. No es una frase vacía. Es la conclusión que se desprende de observar, en paralelo, tres frentes que deberían analizarse por separado pero que, juntos, conducen al mismo diagnóstico.
Zenteno fue reelecta en 2023 al frente de la intendencia municipal. Es de suponer, dado el reciente lanzamiento partidario, que aspira a continuar la carrera política. Y seguramente no le faltarán padrinos y madrinas que la impulsen.
Sin embargo, ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un municipio que no puede gobernarse por sí? ¿Podrá el amor ser más fuerte que la gestión?
