Durante tres meses dejó el laboratorio para vivir en uno de los puntos más australes del planeta. Allí convivió con investigadores, recorrió la Costa Atlántica buscando mamíferos marinos varados y participó de estudios sobre pingüinos y ballenas. Mathias Vázquez, biólogo formado en la UNCA, contó a INFORAMA cómo fue la experiencia que lo llevó hasta Tierra del Fuego.
Participó del Voluntariado del Museo ACATUSHÚN de Aves y Mamíferos Marinos Australes bajo la organización y respaldo de la destacada fundación R. Natalie P. Goodall, en el que desempeñó diversas tareas en el Museo Acatushún, tanto de mantenimiento de la colección, como divulgación y activismo científico.
El profesional calificó la experiencia de vivir en el museo como "increíble", contó que transitó 3 meses donde pulió sus habilidades blandas gracias a la convivencia con los demás voluntarios, y pudo adquirir un vasto conocimiento en la biología y ecología de estos grandes marinos. Y continuó su relato: "Adaptarme no fue difícil, la mayoría de los voluntarios teníamos la misma vocación que nos movilizaba, sumado a que todas las actividades demandaban trabajo en equipo constante y proactividad full time".
-I: ¿Qué función desempeñaste?
-MV: En esta experiencia colaboré con investigadores del CONICET en el programa de varamientos de mamíferos marinos australes de la costa Atlántica, que consistió en monitorear abordo de cuatriciclos la costa este de Tierra del Fuego, y contactar a los pobladores que realizan pesca artesanal para evaluar varamientos en redes. Además, pude contribuir en la campaña de monitoreo de pingüinos de Magallanes y papúas en la Isla Martillo, que tenía como objetivo enfatizar el estudio del éxito reproductivo y la dinámica poblacional de estas especies.
Recientemente presentamos una nota en la revista La Lupa, contando sobre la dinámica del museo junto a los demás voluntarios”. Y añadió: “también realicé una pasantía junto a investigadoras del proyecto IMMA, en una línea de investigación que busca evaluar la ecología trófica de predadores tope a través del análisis de muestras intestinales y fecales de diversos mamíferos marinos.
-I: ¿Cómo se sostiene el Museo y qué rol cumplen los voluntarios?
-MV: Este se lleva adelante gracias a las visitas de los turistas que llegan a la Estancia Harberton. La empresa Total Austral dono la construcción del edificio y parte del material gráfico exhibido. Los voluntarios aportamos fuerza de trabajo y la dedicación durante los periodos de voluntariado, que van de octubre a Marzo, buscando mantener activas las tareas e investigación y atención al público".
Desmitificando el océano y los animales marinos
—I: ¿Qué idea equivocada suele tener la gente sobre los mamíferos marinos?
-MV: Mucha gente no dimensiona que los mamíferos marinos, como las ballenas y los delfines, pertenecen al mismo gran grupo que nosotros y por eso comparten características fundamentales, como tener pulmones y amamantar a sus crías. Es común que se crea erróneamente que respiran por branquias, como los peces, cuando en realidad necesitan salir a la superficie para tomar aire, igual que cualquier ser humano. Esta confusión hace que no se valore del todo lo cercanos que son a nosotros en términos biológicos, a pesar de vivir en un ambiente tan distinto como el océano.
—I: ¿Cuáles son las especies marinas más estudiadas de la zona y por qué?
—MV: En la zona de costa Atlántica y canal Beagle, algunas de las especies más estudiadas incluyen la tonina overa, la ballena jorobada, la ballena sei y diversas especies de pinnípedos (lobos marinos). Se investigan especialmente porque son relativamente frecuentes en la región y resultan clave para comprender el funcionamiento del ecosistema marino austral. Además, muchas de ellas son sensibles a los cambios ambientales y a la actividad humana, por lo que su monitoreo permite evaluar el estado de conservación del entorno, sumado a su gran valor científico y turístico.
-I: ¿Hubo un momento de la estadía que te haya marcado?
-MV: Sí, las campañas con pingüinos y las recorridas de monitoreo por la costa atlántica. Participar directamente en el seguimiento de las colonias, observar su comportamiento y comprender de cerca las amenazas que enfrentan hizo que la experiencia fuera mucho más que académica; se volvió algo profundamente personal.
—I: ¿Este voluntariado abre puertas laborales en el ámbito científico?
—MV: Dentro del proyecto IMMA, gran parte de las investigadoras que actualmente llevan adelante diversas líneas de investigación dentro de CONICET transitaron, en algún momento de sus estudios de grado, la experiencia de ser voluntarias dentro del museo. Es una escuela fundamental.
-I: En un contexto donde muchas veces se cuestiona el rol de la ciencia, ¿por qué sigue siendo importante apostar por ella?
-MV: Porque es la herramienta más confiable que tenemos para comprender el mundo y tomar decisiones basadas en evidencia. Gracias al conocimiento científico es posible abordar problemas complejos como el cambio climático, la conservación de especies y la salud humana, evitando caer en creencias erróneas o soluciones sin fundamento. En este sentido, el estudio de los mamíferos marinos resulta especialmente relevante, ya que estas especies actúan como indicadores del estado de los océanos y permiten detectar cambios ambientales a gran escala. Apostar por la ciencia implica invertir en el futuro, ya que nos permite desarrollar tecnologías, proteger los ecosistemas y mejorar la calidad de vida de las personas.
Mi próxima meta es consolidar esta formación, especializarme en investigación aplicada y contribuir a la conservación de los sistemas naturales, a través del inicio de mi Maestría en Ciencias Ambientales en la Universidad Nacional de Quilmes que representa un paso clave para profundizar en problemáticas actuales desde una perspectiva interdisciplinaria.
-I: ¿Cuáles son los requisitos para postularse?
-MV: Es valorado ser estudiante universitario o graduado, preferentemente de carreras afines a las ciencias biológicas, ambientales y similares, aún así no es un requisito excluyente, ya que se tienen en cuenta también otros perfiles que cuenten con una vocación de servicio y ganas de contribuir al museo. Para postularse el interesado debe presentar su CV y una carta de motivación hacia la convocatoria, teniendo en cuenta que el tiempo mínimo para la estadía es de 1 mes, pudiendo extenderse hasta 6 meses.
