
La doctora catamarqueña Graciela Maturano tiene una definición precisa para la quinoa: no es un superalimento de moda, sino la sÃntesis de una cultura, una historia y un modelo de salud que fue sistemáticamente destruido durante la colonización. MagÃster en Salud Pública y en Gerencia de Servicios de Salud, especialista en Medicina del Trabajo y terapeuta en ayurveda, Maturano lleva años recuperando ese saber desde una mirada que cruza la ciencia occidental con la medicina de los pueblos originarios.
"Es la reina de toda nuestra región andina", afirmó la especialista al referirse a esta semilla originaria de los Andes, que crece desde Ecuador hasta Catamarca y que la FAO considera el único alimento que puede catalogarse como perfecto por contener proteÃnas completas, hidratos de carbono y ácidos grasos insaturados —entre ellos, omega-3— en una misma fuente vegetal.
Un alimento con historia y con herida
Maturano explicó que la quinoa, junto al amaranto y la chÃa, formaban la base de la alimentación vegetariana de los pueblos originarios andinos, una dieta alcalina que —según su perspectiva— les otorgaba un equilibrio fÃsico y energético notable. Sin embargo, con la conquista española ese modelo fue deliberadamente desmantelado.
"Hay un bando conocido como el Bando de Abreu, en el Yokavil, donde se establecÃa que quien comiera quinoa o kiwicha serÃa azotado en plaza pública", señaló. Los cultivos fueron quemados y las comunidades obligadas a incorporar la carne porcina traÃda desde España. Para Maturano, se trató de una forma de dominación que operó también sobre la salud colectiva.
SoberanÃa alimentaria como ejercicio de libertad
La especialista entiende la soberanÃa alimentaria como el derecho de los pueblos a definir sus propias polÃticas de producción, cultivo y consumo, articulando tres ejes: la economÃa regional, la salud y el cuidado del planeta. En este contexto, critica el monocultivo impulsado por las macroeconomÃas y reivindica la biodiversidad agrÃcola andina, que incluye más de 500 variedades de tubérculos y papas domesticadas en laboratorios naturales como la MORAY, en el Valle Sagrado del Cuzco.
"La soberanÃa alimentaria es darte la libertad. Eso es ser libre: cuando soy consciente de por qué estoy en este planeta, cómo lo cuido y cómo me cuido porque soy parte de ese cosmos", expresó.
Las ferias, un puente entre producción y conciencia
En ese camino, Maturano destaca el rol de las ferias populares y regionales —como la Feria del Yokavil, la de Santa MarÃa y la Feria La Puna en Antofagasta de la Sierra— como espacios donde el vÃnculo entre productor, alimento y comunidad se hace concreto. AllÃ, según ella, se preserva la memoria de la cultura andina y se accede a alimentos vivos, libres del procesamiento industrial.
"Debo consumir el alimento que me ofrece el productor en las ferias. Son alimentos de la naturaleza y además hago un aporte a la economÃa regional", sostuvo.
El mensaje final que deja Graciela apunta a la conciencia individual como punto de partida: conocerse, entender el vÃnculo con la naturaleza y alejarse del consumismo como forma de recuperar la salud y la identidad.
Mirá el reel con la nota a Graciela Maturano en el Instagram de Inforama.


