Natalia Lorena Fernández compartió en sus redes sociales una publicación titulada “¿Quién se acuerda de?”, con la que invitó a la comunidad catamarqueña a recordar a personas profundamente ligadas a las Fiestas de la Virgen del Valle, figuras silenciosas pero determinantes en la vida religiosa y cultural de la provincia. El posteo rápidamente despertó la memoria colectiva y reavivó el reconocimiento hacia quienes dedicaron su vida al servicio de la Morenita.
Entre los nombres destacados aparece Rina del Valle Quiroga, quien dedicó gran parte de su vida a la Virgen. Profesora de Biología, ejerció la docencia en su juventud en Venezuela y, de regreso en Catamarca, se consagró plenamente al servicio religioso. Durante años se ocupó de los arreglos florales, la limpieza de la urna, la distribución de la comunión y cumplió una misión fundamental: la confección de los mantos de la Madre del Valle durante quince años.
También fue recordado Valentín Bernardo Molina, conocido como “Becho”, quien llegó desde Tucumán a principios de la década del ’90 y se convirtió en uno de los históricos puesteros de la antigua Gruta de la Virgen del Valle. Fue el primero en elaborar pequeñas grutas con piedras y distribuirlas en santerías de Catamarca, extendiendo luego esa tradición a distintos puntos del país.
La lista se completa con la figura entrañable de Don Roque Cárdenes, histórico santero de la Catedral, reconocido por su característico carrito rojo con forma de triciclo. Además de su tarea religiosa y comercial, cumplía un rol clave como guía espontáneo para los turistas, oficiando como una verdadera “cabina de información”. Políglota, dominaba a la perfección idiomas como el italiano y el francés, convirtiéndose en un símbolo vivo de la hospitalidad y la fe catamarqueña.
