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Natalia Fernández rescata la historia de “La Mirella”, un ícono de las calles catamarqueñas

Lidia Vicenta Corzo, conocida por todos como “La Mirella”, fue una figura inolvidable en las calles de San Fernando del Valle. Con su voz potente y su carácter indomable, se convirtió en símbolo de protesta y resistencia, desafiando a la indiferencia social y política.

Gritaba su rabia en la peatonal, lloraba por la pérdida de un hijo durante la dictadura y, entre insultos brillantes por lo filosos y certeros, denunciaba las injusticias con una inteligencia que muchos admiraban en silencio.

De paso rápido y cabellos rubios que parecían desafiar el viento catamarqueño, dio cátedra de libertad en cada esquina. Aseguraba haber trabajado en el campo, enseñado como maestra e incluso ser hija de Fidel Castro. Su vida estuvo llena de historias, certezas y delirios, pero sobre todo de coraje.

Vivió en el barrio Jorge Bermúdez, ayudaba a vecinos con trámites de PAMI y transitó sus últimos años en soledad. Viuda y sin herederos, falleció el 30 de diciembre de 2013, víctima de una enfermedad. Hoy su casa ya no existe, pero su recuerdo sigue intacto en quienes la vieron caminar y gritar sin miedo.

Su apodo, Mirella, significa “digna de admiración”. Y eso fue: una mujer libre que no se dejó domar ni encerrar, un espíritu que aún inspira a gritar contra las injusticias.

Este recuerdo fue compartido recientemente por la historiadora catamarqueña Natalia Lorena Fernández, quien publicó la historia de “La Mirella” en su página de Facebook.

📷 Fotografía: Beto Morales y Valeria Limina Sutin.

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