Catuchas

Decían que era un refugiado nazi, pero solo fue un inmigrante que se enamoró de Catamarca: la verdad sobre Don Otto

Un hilo en redes sociales revivió una historia casi olvidada en Ampolla, Santa Rosa. Años después de la muerte de su bisabuelo "Don Otto", un joven regresó al lugar donde su familia intentó forjar un futuro. Su testimonio abre una puerta a la memoria, la identidad y el vínculo con la tierra catamarqueña.

Por Gustavo Pinto

Matías Strozza compartió en redes una historia familiar atravesada por la tierra, el desarraigo y el deseo de progreso. Su bisabuelo Otto Daniel viajó durante años al paraje de Ampolla, en el departamento Santa Rosa, con la esperanza de forjar un proyecto productivo en Catamarca. Décadas más tarde, su bisnieto volvió al lugar para recuperar una historia marcada por la distancia, los sueños y también por algunas versiones erradas que circulaban en la zona.

“Mi único deseo es poblar y aprovechar mis campos para aumentar la producción agraria en bien de la Nación y de mis tres hijos.” Con esa frase, tomada de una de las cartas que Otto dejó escritas, Matías Strozza cierra un hilo en X (ex Twitter) donde reconstruye el vínculo de su familia con Catamarca. El relato surgió, según él mismo explica, como respuesta a un malentendido local: en la zona muchos creían que su bisabuelo había sido un refugiado nazi.

“Durante mucho tiempo me llegaron comentarios que en la zona se decía que Otto era alemán, que había sido nazi y que estaba refugiado. Nada más lejos de la realidad”, escribió Strozza.

Y aclara: “La casa de Don Otto en Catamarca fue la casa de un inmigrante austríaco que creyó y apostó al futuro de la Nación Argentina”.

Don Otto. Su familia conserva con prolijidad su documentación y recuerdos.

El sueño de Otto

Otto nació en Vienna en 1903. Austria había sufrido las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y a sus jóvenes 21 años, llegó a nuestro país en 1924. El hombre traía consigo un poco más que sus ganas de progresar.

De acuerdo con el relato de Matías, su bisabuelo se instaló en un asentamiento en Liniers, donde paraban muchos inmigrantes europeos. Trabajó en varias empresas y hasta llegó a ser despedido de alguna de ellas cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, por su origen. La suerte comenzó a sonreírle a Otto algunos años más tarde, cuando logró poner una empresa de construcción de techos parabólicos, tinglados e instalaciones industriales.

La locura por Catamarca

En 1942, Otto tuvo la posibilidad de comprar un campo que estaba siendo rematado por la Justicia de Catamarca. "Fue una decisión que cambió a la familia para siempre", señala su bisnieto.

"De ahí en adelante, empezó lo que en la familia se conoce como la locura por Catamarca. Durante los años siguientes con la vista puesta en hacer valer las preciadas tierras que había adquirido empezó a invertir para poder explotar su potencial", señala Matías.

Otto soñaba con explotar el potencial agrícola de sus tierras.

Desde que adquirió esas tierras en el Este provincial, Otto viajó varias veces por año a Catamarca. Lo hizo incluso en compañía de sus tres hijos mientras eran jóvenes. El campo de Ampolla no era solo un terreno: era un proyecto vital.

“Lo primero que hizo fue la construcción de una casa, mandando todos los materiales en tren desde Buenos Aires y ayudado por un pariente de su esposa, Theresa, que era albañil oriundo también de Austria y algunas personas de la zona”, relató Matías. Para la época y la zona, la casa era destacable. Contaba con un sótano y un hogar. También tenía una torre gigante con un tanque de agua arriba.

El abuelo de Matías supo contarle las aventuras que vivía en aquel entonces la familia en Catamarca. "andando de caballo de pueblo en pueblo, siempre armados con sus Winchesters".

La casa de Otto, con sótano, tanque de agua y hasta radio, era un lujo para la época y la zona.

Pero el sueño de Otto era desarrollar la producción agrícola: plantó decenas de olivares y en 1949 adquirió más tierras, pero en Pomán. Allí la idea era la producción de palmeras datileras y plantas de algodón.

Pero los sueños suelen necesitar capital para motorizarse y este fue el escollo que Otto no pudo sortear. Intentó en reiteradas ocasiones conseguir financiamiento. La familia aún conserva las cartas que enviaba a los bancos.

“Lamentablemente ninguno de esos préstamos prosperó demasiado, a pesar de estar dispuesto a empeñar las propiedades que tenía, el dinero que le daban no era el suficiente para las inversiones que tenía que realizar para poder explotar verdaderamente esas tierras”, explicó.

A pesar de su determinación, no logró acceder a un crédito que le permitiera materializar sus planes. El campo siguió ahí, sin desarrollo, esperando.

Una de las cartas de Otto al Banco Nación, intentando financiar su emprendimiento.

El viaje final

En los años 80, Otto realizó su último viaje a Catamarca. Según su propia agenda, durante esa estadía sufrió un episodio de salud delicado. Poco después, de regreso en Buenos Aires, falleció.

“Y poco después de volver a Buenos Aires, falleció. Desde ese entonces, nadie de la familia hizo uso activo del campo, o la casa. Sólo algunas visitas esporádicas en algún viaje por la zona”, escribió su nieto.

Otto construyó la casa enviando los materiales en tren desde Buenos Aires.

La muerte de Otto marcó el cierre de una etapa. La casa quedó en pie, pero sin uso. La tierra quedó sin sembrar, y las visitas se hicieron cada vez más esporádicas. La historia, como tantas otras, quedó atrapada entre papeles, relatos dispersos y versiones incompletas.

El regreso y el redescubrimiento

En 2022, durante un viaje familiar por el norte argentino, Matías Strozza decidió acercarse al campo de Ampolla luego de que el GPS los enviara por Bañado de Ovanta, que dista a 3 kilómetros de Ampolla. Matías iba con la curiosidad de un niño. Nadie en la familia sabía si la casa seguía existiendo.

Y si, la casa seguía allí.

Así encontró la casa Matías, bisnieto de Otto, en su viaje en 2022.

Ubicarla no fue fácil, recorrieron la zona preguntando a los lugareños hasta que encontraron a un kioskero que empezó a contarle anécdotas de Otto. "Nos lo describieron casi como una leyenda del pueblo... la señora nos dijo que ella todos los días pasa por la casa y nos acompañó hasta el lugar".

"En el pueblo, por lo que nos contó la mujer, es casi una leyenda. Un hombre que construyó una super casa para la época, con sótano y hogar, que tenía un caballo gigante y hasta tenía una radio". La casa está casi intacta, aunque fue desvalijada y se rumoreó mucho sobre las cosas que tenía allí, ya que no eran comunes para la época y el lugar.

La emoción de Matías al encontrar la casa de su bisabuelo aún en pie.

En el lugar, Matías pudo revivir todas las anécdotas que su abuelo le contó sobre el bisabuelo Otto y su "locura por Catamarca". Desde entonces, algún miembro de la familia vuelve a pasar por el lugar, a mirar, a recordar, a entender. “Desde ese momento, prácticamente todos los años alguien de la familia pasó a conocer o chusmear la casa.”

No con la intención de retomar un proyecto productivo, sino con la necesidad de cerrar una historia que había quedado abierta, y sobre todo, de dejar en claro quién fue Otto.

La Casa de Otto, en Ampolla. Postal de un sueño agrícola que no abrió sus alas del todo.

Más allá del mito: una historia espectacular

El año pasado, una tía estuvo en Catamarca durante la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Grande fue su sorpresa al ver que en la cartelería del municipio de Santa Rosa figuraba "La Casa de Otto", como un punto de interés. La cartelería aseguraba que el hombre era alemán y vino a refugiarse a fines de la Segunda Guerra Mundial. La gigantografía también afirma que trataba de ocultar su identidad.

El stand turístico de la Municipalidad de Santa Rosa en el Poncho 2024, con la información tergiversada.

"Desde el mismo municipio, teniendo la información de propiedad del campo y por ende la identidad del dueño, se publicita la propagación del 'mito' sin profundizar y omitiendo una historia que es mucho más interesante e inspiradora para el futuro de la localidad... la de un inmigrante austríaco que llegó al país sin nada, trabajó, ganó plata, emprendió y se enamoró de Catamarca", concluyó Matías.

El hilo que compartió Matías no solo sirve para reconstruir una historia íntima. También funciona como una respuesta pública a rumores que, sin sustento, circularon en la zona durante años.

“Nunca tuvo vínculo alguno con el nazismo, ni fue refugiado. Solo fue un inmigrante más que intentó progresar y encontró en Catamarca una tierra en la que quiso echar raíces”, aclara.

Su testimonio, marcado por el respeto y la memoria, devuelve humanidad a un hombre que quiso sembrar y no pudo, pero su sueño fue tan firme que décadas después sigue convocando a los suyos a volver a ese rincón del este catamarqueño. No sembró, pero sí que echó raíces.

El hilo completo de Matías en X: