Este 4 de junio se cumplen 155 años del fallecimiento de Felipe Varela, caudillo nacido en Valle Viejo, Catamarca, que dedicó su vida a la defensa del federalismo, la justicia social y la integración latinoamericana. Hijo del también federal Javier Varela, Felipe se formó en la adversidad y desde joven se enfrentó a las injusticias de un sistema político cada vez más concentrado en Buenos Aires. Su vida, marcada por la acción y el exilio, es recordada por muchos como la de un verdadero "Quijote de los Andes".
Historiadores como José María Rosa y Norberto Galasso coinciden en que Varela fue uno de los últimos grandes caudillos populares que se opuso al centralismo impuesto por Bartolomé Mitre tras la batalla de Pavón. Desde sus manifiestos de 1866 y 1868, denunció el saqueo económico de las provincias por parte de Buenos Aires y repudió la participación argentina en la Guerra del Paraguay, a la que calificó de “vergonzosa” y guiada por intereses imperiales.
A pesar de haber sido derrotado militarmente, su figura creció con el tiempo. La Revolución de los Colorados, su último gran intento por frenar el avance mitrista y restaurar la autonomía provincial, dejó huella en la historia argentina como un símbolo de la resistencia federal. Protagonista de gestas heroicas como la batalla de Pozo de Vargas, Varela encarnó la lucha de los pueblos del interior contra el poder porteño aliado con capitales extranjeros.
Enfermo y exiliado en Chile, Felipe Varela murió en 1870, lejos de la tierra por la que peleó. Su legado, sin embargo, persiste entre quienes reivindican una Argentina más justa, federal y soberana. A más de un siglo y medio de su muerte, su figura comienza a recuperar el lugar que la historia oficial le negó durante décadas.

