Catuchas

Una catamarqueña visitó a su novio en San Luis y ahora gestiona un campo de 7000 hectáreas

Albana Cáceres Borzaga estudiaba en Catamarca y le faltaba el trabajo final para recibirse. Fue a San Luis por unos días y le ofrecieron su primer trabajo en una empresa agropecuaria cordobesa.
Por Lourdes Costanzo

Catamarqueña de nacimiento, actualmente viviendo y trabajando en San Luis, la primera posibilidad laboral sorprendió a Albana Cáceres Borzaga. Fue a visitar al que por entonces era su novio y le hicieron una propuesta con un tiempo a prueba. Eso fue a finales de 2019. Para esta campaña, con 29 años, está gestionando tareas de siembra, aplicación y cosecha en un campo de 7000 hectáreas del sureste puntano.

Soy catamarqueña, fui criada en Santa María, en el norte de la provincia, donde mi padre tenía una finca de frutales”. Hasta los cinco años se crió en el campo, sin luz, sin agua, después se mudó a la ciudad y en la adolescencia ya decidió que su carrera iba a ser agronomía. “Tenía un plan b, profesorado de inglés, algo que me estoy dando el gusto de hacer ahora”, dijo Albana a Clarín.

“Lo que más me quedó grabado de aquellos primeros años es la tranquilidad, la naturaleza, las plantas y los animales”, recordó. Y sumó: “Lo que mas me marcó a mí fue la cultura del trabajo, mi padre, Genaro, es y siempre fue un hombre muy trabajador, también mi madre, Irma”.

Una Oportunidad:

El último año de cursada fue complicado porque en Catamarca siempre hay oferta para que los agrónomos prontos a recibirse trabajen en instituciones “pero yo quería trabajar en alguna empresa, moverme más”. “En ese tiempo hacía mucha investigación, me pagaban por investigar, estaba en el área de fitopatología, pero no me terminaba de cerrar, de hecho, decidí no postularme a una beca en el CONICET porque yo quería estar más en contacto con la naturaleza”, contó Albana.

La manera en la que me llegó la posibilidad para el trabajo en el que estoy hoy fue muy loca: en ese momento estaba en pareja con otro chico de Agronomía al que llamaron para un trabajo en el sur de Córdoba y San Luis, a las dos semanas lo vine a visitar y el me llevó a su recorrida por lotes y campos, ahí conocí a gente de la empresa, me vieron hacer cosas y como la zona era para dos personas, un día, antes que me viniera, me propusieron quedarme”, relató Albana. Y prosiguió: “El problema mío era que yo tenía que hacer el trabajo final para recibirme todavía, pero la decisión fue venirme igual, fue un año importante en mi vida, tenía 26 años recién cumplidos”.

Los comienzos y donde está ahora:

Como todo trabajo nuevo, y para un joven que sale de la universidad, todo es difícil. “Salí muy verde de la universidad, encima había estudiado con una orientación muy hacia lo frutícola y acá eran cultivos extensivos, entonces, al principio me dieron trabajo de planillas y remitos, no estaba muy en contacto con el campo, que era lo que más me gustaba”, recordó Albana.

“En la empresa me encontré con Emiliana Solis Wahnish, la directora, que sin dudarlo me abrió las puertas para formar parte del equipo y desde ese momento mi vida cambió totalmente”, contó Albana en un texto publicado en redes sociales (agronomas.argentinas).

Así pasó los dos meses de prueba y al terminar la campaña le dieron para que manejara un módulo de 1.500 hectáreas. “Empecé con mucha voluntad y esfuerzo todos los días, ganas de aprender, siempre recuerdo eso de mi padre, la motivación de siempre dar un poco más, y sintiendo que todos los días puedo aprender algo nuevo, eso es lo que me ha llevado a avanzar”, reflexionó la catamarqueña.

Pasó la campaña 2021/22 y para 2022/23 le ofrecieron un campo más grande, de 7000 hectáreas, en donde hace los controles de siembra, aplicaciones y cosecha. Que todo se haga bien y a tiempo. El campo está en Buena Esperanza, San Luis, donde siembran soja, maíz, sorgo y girasol.

Ser mujer ha sido un reto”, reconoció Albana. “Generalmente el puesto de ingeniero campo suelen ser hombres, ya que se considera que la mujer no está apta para ciertas situaciones, pero aún ante esta estadística tan baja, me dieron su voto de confianza y apostaron a que podía lograrlo aún sin estar recibida”, relató.

Albana Cáceres Borzaga:

“A mi me gusta la libertad que tengo, de poder moverme, de estar en contacto con la naturaleza, al campo no lo cambio por nada, contó a Clarín Rural Albana. A ella, la sensación de ver cómo empieza un ciclo y cómo termina no deja de sorprenderla.

Además, contó que en la empresa para la cual trabaja usan mucha tecnología, “están innovando, abiertos a recomendaciones técnicas y asumiendo retos”. “Empezamos a probar cultivos de servicio puesto que acá hay mucha erosión eólica y el manejo es clave para reducir los efectos de esa voladura”, contó Albana.

Para mí el campo es todo, parte de mi vida y mi esencia, no sé si todas las personas tienen la oportunidad y la suerte de hacer lo que más les gusta, yo me siento todos los días afortunada porque si bien estoy a 1000 kilómetros de donde nací, puedo hacer lo que me gusta, y eso me llena todos los días”, sentenció Albana.

Por esto que siente, es que le gustaría que “al campo se lo vea distinto, como un motor para el país”.

En el futuro, no sabe si va a volver a trabajar a Catamarca, pero sueña con asesorar campos y, por qué no, dar clases en una escuela rural. “Me gusta enseñar, me gusta la profesión y ojalá alguna vez pueda hacerlo”, cerró.