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Casas modulares de madera desde U$S15.000: ¿por qué están revolucionando la construcción tradicional?

La edificación con módulos prefabricados de madera ha superado su etapa de opción marginal para consolidarse como uno de los sectores de mayor expansión dentro de la construcción industrializada. Hace algunos años, este método se vinculaba casi únicamente con refugios de montaña o casas de veraneo, pero hoy se posiciona como una respuesta viable para hogares de uso permanente, complejos turísticos, espacios de trabajo, establecimientos educativos en zonas rurales e incluso infraestructura destinada a la minería y la energía.

Este crecimiento se sustenta en una serie de factores convergentes. La capacidad de acortar de manera sustancial los plazos de obra, una huella ecológica más reducida, un rendimiento térmico destacable y la estandarización del proceso productivo habilitan la entrega de viviendas habitables en tiempos mucho más acotados que los que demanda la construcción convencional.

Adicionalmente, la oferta en el mercado se ha diversificado. Hoy se consiguen unidades de dimensiones reducidas desde u$s15.000, mientras que las residencias de mayor metraje, con acabados de alta gama y equipamiento integral, ven incrementado su costo en función del diseño y el grado de adaptación a medida.

Según Vicente Mazzitelli, quien lidera el Instituto de Construcción con Madera de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), una porción significativa de la vivienda se elabora de antemano en una planta fabril y luego se transporta al terreno para su ensamblaje final, "un procedimiento que eleva la calidad de la ejecución y comprime los plazos de la obra".

Una edificación más veloz y eficaz

La celeridad en la ejecución es uno de los argumentos principales que impulsan la adopción de estas viviendas. Mientras que una obra tradicional puede prolongarse durante varios meses o incluso superar el año, una casa modular industrializada puede estar terminada en cuestión de pocos meses, dependiendo de su tamaño y del nivel de personalización exigido.

Desde FAIMA indicaron que múltiples proyectos internacionales evidencian disminuciones de entre el 30% y el 50% en los tiempos de obra frente a los métodos habituales.

Para Agustina Donolla, quien junto a Matías Pellegrini fundó Vivir Tiny, una tiny house fabricada por una empresa especializada puede concluirse en un lapso de apenas dos o tres meses, mientras que una autoconstrucción insume más tiempo debido a las fases de aprendizaje y a la resolución de cada pormenor técnico.

Otro factor que fomenta la demanda es la facultad de agrandar la vivienda añadiendo nuevos módulos sin alterar la estructura inicial, una característica que facilita la adaptación del hogar al crecimiento familiar o a nuevos propósitos.

Cuánto valen y qué origina las variaciones de precio

El costo sigue siendo uno de los principales atractivos. En el mercado argentino es factible hallar modelos compactos desde u$s15.000, en especial tiny houses o unidades de entre 18 y 25 m2 con acabados sencillos. A partir de ese punto, el valor escala según la superficie, el equipamiento, la calidad de los acabados y los materiales seleccionados.

Las viviendas pensadas para residencia permanente, con dos o tres ambientes, aislación reforzada, carpinterías con doble vidrio hermético (DVH), cocina y baño completos, suelen situarse entre u$s800 y u$s1.400 por m2, aunque los proyectos premium pueden superar esos montos.

Donolla recordó que la tiny house que levantaron demandó aproximadamente u$s17.000, si bien aclaró que esa cifra corresponde a un proyecto ejecutado hace varios años y que hoy los costos son más elevados debido al aumento del precio de la madera y de los insumos.

Los expertos coinciden en que es preferible evitar economías en la estructura, las instalaciones eléctricas, las tuberías, las aislaciones y la impermeabilización, ya que estos componentes determinan la longevidad de la vivienda. En cambio, los pisos, revestimientos o detalles ornamentales pueden renovarse con el pasar del tiempo.

Cómo son por dentro y por qué la madera ya no evoca una cabaña

La imagen de una cabaña rústica ha quedado en el pasado. Las viviendas modulares actuales presentan acabados comparables a los de cualquier casa convencional.

La estructura suele ejecutarse mediante Wood Frame, un armazón de madera que aloja aislación térmica y acústica entre sus montantes. En el exterior admite chapa, madera, placas cementicias o siding, mientras que en el interior pueden emplearse placas de yeso, MDF melamínico (un panel de fibras de madera prensadas con resinas a alta presión y temperatura, de superficie lisa y uniforme), machimbre u otros recubrimientos decorativos.

Los pisos pueden ser vinílicos, flotantes, de porcelanato o madera natural, y las cocinas y baños brindan el mismo nivel de equipamiento que una vivienda estándar.

Durante la construcción de su casa, Donolla explicó que optaron por paneles livianos revestidos en melamina para disminuir el peso sin sacrificar calidad estética. También añadieron aislación en paredes y techo para optimizar el confort

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