En la antesala de las Pascuas, el Viernes Santo vuelve a interpelar a los creyentes desde su significado más profundo. Lejos de reducirse a una tradición o costumbre, esta fecha conmemora el gesto de amor de Dios a través de la pasión y muerte de Jesucristo, un mensaje que, según se destacó desde el Santuario de la Virgen del Valle, sigue vigente en la vida cotidiana de cada persona.
El padre Juan Cabrera, rector de la Catedral Basílica y Santuario, remarcó que el eje central de esta jornada es el amor y el perdón. En ese sentido, invitó a no quedarse en lo superficial como las tradiciones gastronómicas sino a detenerse a contemplar la propia vida, reconocer errores y reconstruir el vínculo con Dios y con los demás. “Reconocer el mal, arrepentirse y volver al Señor” aparece como el camino esencial de la fe en este tiempo litúrgico.
El mensaje cobra especial relevancia en un contexto marcado por distintas formas de violencia social. El sacerdote advirtió sobre la presencia de agresividad no solo en escenarios extremos, sino también en la vida cotidiana: en las redes sociales, en la calle y dentro de los vínculos familiares. Frente a este panorama, recuperar valores como el respeto, la empatía y la fraternidad se vuelve una necesidad urgente para recomponer el tejido social.
Finalmente, Cabrera propuso un gesto simple pero significativo: generar pequeños actos de cambio que se multipliquen. “Pequeñas luces” que, sumadas, puedan transformar realidades marcadas por el enojo y la intolerancia. En esa línea, el llamado es a practicar el amor enseñado por Cristo: “ámense los unos a los otros” como punto de partida para construir una convivencia más pacífica, devolviendo al Viernes Santo su sentido más auténtico: ser un tiempo de reflexión, esperanza y renovación.
