El puma es un felino que se distingue por su belleza y sus movimientos precisos. Animal solitario, territorial, principalmente crepuscular y nocturno, recorre las zonas montañosas y desérticas que abundan en Catamarca. Se dice que es incomprendido, y no es una afirmación menor: ocupa lo más alto de la cadena alimentaria, lo que lo convierte en objeto de temor para muchas comunidades rurales. Sin embargo, ese mismo rol depredador es el que lo vuelve indispensable para el equilibrio ecológico de los ecosistemas que habita. Por eso los especialistas lo llaman el arquitecto del monte.
La presencia del puma en un territorio no es una amenaza: es un indicador de ecosistema funcional. Así lo explica la médica veterinaria Valeria Marcolli, especialista en Fauna Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente de Catamarca. "El desafío no es eliminarlo", sostiene Marcolli, "sino implementar estrategias de convivencia que reduzcan pérdidas productivas y mantengan el equilibrio ambiental. Y aunque suene utópico, esto es posible y sumamente necesario".
El video que indignó al país
Hace una semana, un video impactó las redes sociales. Las imágenes mostraban a un hombre torturando a un puma —conocido científicamente como Puma concolor o león de montaña— en las Piedras Blancas, una pequeña localidad del departamento Ambato, en las sierras del mismo nombre. El animal aparecía inmovilizado, sujeto con una soga al cuello, mientras perros cazadores eran instigados por los propios presentes a atacarlo. Los mismos protagonistas se encargaron de filmarlo y difundirlo.
La reacción no tardó en llegar. La indignación en redes sociales se multiplicó y el caso trascendió las fronteras provinciales: medios nacionales e internacionales lamentaron lo ocurrido y pusieron el foco sobre una problemática socioambiental que no es nueva.
Si bien el Ministerio de Ambiente de Catamarca identificó al agresor a los pocos días y adoptó las medidas correspondientes, el episodio volvió a abrir el debate sobre la protección de la fauna silvestre y la importancia de reforzar la herramientas de protección ambiental en la provincia.
Del rifle a los binoculares: un conflicto antiguo
El conflicto entre el puma y los productores ganaderos tiene raíces profundas. Durante décadas, la respuesta ante un ataque al ganado fue la misma: salir a buscar al animal y eliminarlo. La caza del puma fue durante mucho tiempo una práctica normalizada en las zonas rurales de la provincia, transmitida de generación en generación como una forma de proteger el sustento familiar.
Pero la ciencia y la experiencia de campo han ido cambiando esa mirada. Hoy, quienes trabajan en conservación y manejo de fauna silvestre coinciden en algo que puede sonar contraintuitivo: matar al puma no resuelve el problema, y técnicamente puede agravarlo. El puma no busca al humano. Ataca el ganado porque representa una presa más fácil comparada con la fauna silvestre, especialmente cuando esa fauna escasea por la presión sobre los hábitats naturales. Los conflictos se producen cuando hay disminución de presas naturales como corzuelas, vicuñas o liebres; cuando la expansión ganadera avanza sobre territorios que el puma históricamente ocupó; cuando los hábitats se fragmentan; o simplemente cuando los animales domésticos quedan expuestos de noche, sin protección.
Inforama dialogó con la veterinaria Valeria Marcolli, para entender qué hay detrás del conflicto y qué dice técnicamente el video que conmocionó al país.
— ¿Qué medidas concretas pueden implementarse en zonas rurales para reducir los ataques del puma al ganado sin matar al animal?
— Lo ideal es implementar un manejo preventivo y fomentar la coexistencia, evitando el control letal. Las medidas más eficaces incluyen, primero, la gestión del ganado: encerrar a los animales por la noche en corrales seguros, especialmente a las crías; usar corrales reforzados con malla alta y enterrada; evitar pariciones en zonas de monte cerrado; y agrupar a los animales en lugar de dispersarlos.
También son útiles estrategias de disuasión, como la incorporación de perros protectores de ganado, el uso de luces intermitentes nocturnas, muñecos de aire y sistemas de alarmas sonoras en zonas críticas. El manejo del ambiente es otra herramienta clave: no dejar restos de animales muertos en el campo, retirar inmediatamente los cadáveres y mantener despejadas las áreas perimetrales cercanas a los corrales. Matar al animal no resuelve el problema a largo plazo y puede incluso agravarlo: se elimina un individuo territorial y otro, posiblemente más joven y con menor experiencia de caza, ocupa el área, rompiendo la estructura territorial estable.
— Cuando un productor sufre un ataque de puma, ¿qué debería hacer? ¿Existe en Catamarca algún mecanismo estatal de asistencia?
— El procedimiento recomendado es claro: no intentar cazar ni perseguir al animal, no manipular la escena, registrar evidencia como huellas, marcas de mordida o fotografías, y dar aviso inmediato a la Secretaría de Medio Ambiente al 383-4003978 o a la Policía al 911.
El diagnóstico técnico es fundamental no solo para confirmar que se trata efectivamente de un puma, sino también para determinar el patrón del ataque y evaluar medidas preventivas. En cuanto a la asistencia estatal, el marco legal en Catamarca protege a la fauna silvestre y prohíbe su caza sin autorización. El Estado provincial interviene mediante evaluación técnica y acompañamiento, priorizando tanto la conservación de la especie como la protección del productor.
— ¿Qué nos dice técnicamente el comportamiento del puma en el video sobre cómo se producen estos conflictos?
— En el video, el puma aparece inmovilizado, sometido físicamente con una soga y atacado por perros instigados por humanos. Desde el punto de vista técnico, no hay conducta predatoria del animal: no está cazando ni enfrentando ganado, sino en una situación de indefensión y sometimiento forzado. Manifiesta estrés extremo y una respuesta de supervivencia: respiración acelerada, vocalizaciones de dolor, movimientos defensivos mínimos y un probable estado de shock.
La grabación no refleja un conflicto entre humanos y fauna en términos de depredación. Lo que vimos fue captura ilegal, tortura e instigación de perros contra fauna silvestre protegida. Bajo la Ley Provincial 4855/95 y su Decreto 1064/99, este hecho puede encuadrarse en caza ilegal, maltrato animal, infracción ambiental severa y posible delito penal según la legislación nacional. No hay justificación técnica para ese accionar. Ninguna.
El puma de las Piedras Blancas no debería haber sido atacado. Y el video que lo muestra no debería necesitar explicación técnica para generar rechazo. Pero si la necesita, aquí está.
