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“Educar y sancionar no son caminos opuestos”: la reflexión de una docente sobre la edad de imputabilidad

El debate sobre la edad de punibilidad de menores volvió a ocupar el centro de la escena pública en los últimos días, con posturas encontradas sobre el rol del Estado frente a la delincuencia juvenil. En ese contexto, la docente Ana Liz Ahumada realizó un posteo en sus redes sociales en el que expresó su opinión.

En su publicación, mencionó que tras 27 años de trabajo con adolescentes y jóvenes en ámbitos educativos, considera que “ambas posturas pueden convivir: un Estado presente brindando oportunidades reales para la prevención y la contención, como así también un Estado presente que resguarde los derechos de todos los ciudadanos y sancione a quienes violen las reglas y no asuman responsabilidades por sus actos”.

¿Por qué una medida debería excluir a la otra?”, se plantea desde este enfoque, que cuestiona la idea de que sancionar y educar sean caminos opuestos. En esa línea, remarca: “Toda acción tiene su consecuencia, para bien o para mal. Esa es una regla básica en la formación de cualquier persona”.

La prevención empieza en la escuela y la familia

Si bien se reconoce que prevenir es siempre mejor que sancionar, se subraya que la familia y la escuela continúan siendo las instituciones centrales para garantizar entornos de cuidado, valores y contención.

“No basta con declamaciones retóricas e ideologizadas, sino con proponer respuestas concretas frente a los factores multicausales por los cuales un menor delinque”, sostiene Ahumada, al tiempo que remarca que la educación es una herramienta clave, aunque insuficiente si no va acompañada de políticas públicas activas.

En ese sentido, la docente destaca la necesidad de fortalecer gabinetes interdisciplinarios en las escuelas públicas y de crear redes efectivas de intervención entre los organismos estatales, las instituciones educativas y las familias.

Más escuela, más oportunidades

Otro eje es la reducción progresiva de la inversión educativa, señalada como una de las causas de la falta de espacios de contención para niños y jóvenes. Experiencias como los Centros de Actividades Juveniles e Infantiles (CAJ y CAI) son mencionadas como ejemplos concretos de políticas que permitieron reinsertar a adolescentes en el sistema educativo y ofrecer alternativas frente a entornos adversos.

“He visto cómo muchos jóvenes lograron terminar la secundaria, continuar estudios superiores y alejarse de contextos nocivos gracias a estos espacios”, señaló Ahumada, al remarcar que la escuela abierta a la comunidad sigue siendo una herramienta eficaz.

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