Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que busca visibilizar el rol que cumplen estos ecosistemas en la regulación del agua, la conservación de la biodiversidad y el desarrollo de comunidades que dependen directamente de ellos.
Los humedales incluyen ambientes de agua dulce, marinos y costeros y se caracterizan por su capacidad para almacenar agua, amortiguar sequías e inundaciones y sostener una gran diversidad de especies. Además de ser fuentes de alimentos y reservorios hídricos, funcionan como áreas determinantes para la reproducción y refugio de fauna, en especial de aves migratorias y especies adaptadas a condiciones extremas, como los flamencos altoandinos y distintos peces endémicos.
Sin embargo, estos ecosistemas atraviesan un proceso de pérdida y deterioro sostenido. De acuerdo a información de la Convención Ramsar, desde la década de 1970 se perdió más de una quinta parte de los humedales a nivel mundial, mientras que una proporción significativa de los que aún existen presenta condiciones ecológicas degradadas. La presión sobre estos ambientes responde a múltiples factores: avance de la frontera agropecuaria, contaminación, obras de infraestructura, minería, alteraciones en los flujos de agua y los efectos del cambio climático.
Humedales altoandinos y su rol en Catamarca
En la provincia, los humedales de la región andina cumplen funciones esenciales para la conservación de especies silvestres y para el equilibrio ambiental de la Puna. Según el Observatorio Plurinacional de Salares Altoandinos (OPSAL), estos sistemas sostienen poblaciones de especies de alto valor ecológico y económico, como la vicuña y el guanaco, y permiten el desarrollo de actividades vinculadas al uso tradicional del territorio.
Más allá de su importancia como fuentes de agua, los humedales aportan servicios ecosistémicos vinculados a la formación de suelos, el ciclo de nutrientes, la producción vegetal y el almacenamiento de agua, elementos centrales en un contexto marcado por la escasez hídrica.
La diversidad de humedales en la Puna catamarqueña está asociada, entre otros factores, a la salinidad del agua. En el altiplano se identifican salares, lagunas, vegas, bofedales y ríos, cada uno con dinámicas propias. Entre los salares más relevantes se encuentran Antofalla, Tres Quebradas, Incahuasi y Del Hombre Muerto, mientras que las lagunas altoandinas suelen desarrollarse en cuencas cerradas y reciben aportes de vegas, bofedales o precipitaciones esporádicas.
Las vegas y bofedales, por su parte, generan microambientes diferenciados dentro del paisaje árido. La vegetación que allí crece no responde al patrón del entorno desértico, lo que permite la existencia de condiciones climáticas locales que favorecen la presencia de fauna y el aprovechamiento del agua. En la Puna Catamarqueña, estos ambientes se localizan en zonas como El Peñón, Antofagasta, Los Patos y el complejo San Francisco.
Los ríos de la región, en tanto, pueden ser permanentes o temporarios y tienen su origen en el deshielo, las precipitaciones o en aportes subterráneos. Estos cursos de agua cumplen un rol clave al conectar distintos humedales y desembocar en lagunas o salares, como ocurre con el Río Punilla, Aguas Calientes o el río Salado.
Áreas protegidas y reconocimiento internacional
La conservación de estos ambientes se apoya en el sistema de áreas protegidas, regulado en Catamarca por la Ley Provincial N° 5.070. La provincia cuenta con espacios como Campo de Piedra Pómez, Sierras de Belén, la Reserva de Biósfera Laguna Blanca y la reserva privada Allpatauca.
A nivel internacional, se destaca el Sitio Ramsar Lagunas Altoandinas y Puneñas de Catamarca, una superficie de 12.280 km² que reúne más de 40 humedales permanentes. Este sitio es considerado estratégico para la protección de aves acuáticas y para la preservación de ecosistemas frágiles en una de las regiones más áridas del país.
