
Con los cambios bruscos de temperatura y la mayor circulación de virus respiratorios, las guardias médicas registran un incremento sostenido de consultas por cuadros gripales. Fiebre elevada, dolores musculares intensos y un cansancio extremo aparecen como síntomas frecuentes en pacientes de distintas edades. Según un informe médico de Apollo Hospitals, una proporción significativa de estos casos corresponde a la Influenza A subtipo H3N2, una variante que suele subestimarse en sus primeras horas por su similitud con un resfrío común, pero que se caracteriza por un impacto mucho más abrupto en el organismo.
A diferencia del resfrío, que suele instalarse de manera progresiva, el H3N2 se manifiesta de forma súbita. Los especialistas describen su inicio como “repentino”, con fiebre que puede superar los 38 grados, escalofríos, dolores musculares y articulares intensos y una fatiga que limita las actividades cotidianas.
La tos seca persistente es otro de los síntomas característicos, mientras que la congestión nasal suele tener un rol secundario. Esta combinación de signos es clave para diferenciarlo de cuadros leves y evitar demoras en la consulta médica, especialmente en personas vulnerables.
El virus se transmite principalmente a través de gotitas respiratorias expulsadas al hablar, toser o estornudar, y presenta una alta capacidad de contagio en espacios cerrados como escuelas, oficinas y transporte público. Una particularidad del H3N2 es que puede transmitirse incluso antes de que aparezcan los síntomas y hasta varios días después de que la fiebre cede. La evolución habitual incluye un pico de intensidad entre el tercer y cuarto día, seguido de una mejoría gradual, aunque el cansancio y la tos pueden prolongarse durante una o dos semanas.
El tratamiento se basa en reposo, hidratación y el uso de paracetamol para aliviar la fiebre y el dolor, mientras que los médicos insisten en evitar la automedicación y el uso de antibióticos, que no tienen efecto sobre los virus. La vacunación anual contra la gripe, el lavado frecuente de manos, la ventilación de ambientes y el uso de protección en lugares concurridos siguen siendo las principales medidas de prevención. En bebés, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas, la aparición de dificultad respiratoria, fiebre persistente o un marcado deterioro del estado general requiere consulta médica inmediata.