“No hay plata, no hay consumo, y si me quieren vender caro, no les compro”, disparó José Martínez, representante de los supermercados catamarqueños, al analizar el complejo escenario económico. La reciente suba del dólar y la inflación sostenida encendieron las alarmas, pero los comerciantes locales decidieron plantarse: rechazan listas con aumentos, cambian proveedores y apuestan a marcas más accesibles para sostener precios.
Martínez reveló, en diálogo con la prensa local, que el consumo cayó un 40% en comparación con el año pasado y que los programas como One Shot y El Marcatón ya no alcanzan para contener la situación. “Las tarjetas están al límite y lo que circula ahora es débito o efectivo. La gente ya no compra para guardar, compra para el día a día”, explicó. Además, alertó que la rentabilidad del sector está severamente dañada y que muchos comercios sobreviven recortando gastos y ajustando al máximo.
Entre las propuestas presentadas al gobierno provincial, destaca un sistema de descuentos directos del 10% para quienes paguen con débito o efectivo. “Queremos que ese descuento lo reciba el consumidor, no los bancos”, señaló Martínez, aunque advirtió que necesitan la autorización de Defensa del Consumidor para implementar este mecanismo. “Dejemos libertad de precios. Si tengo azúcar en depósito, ¿por qué no puedo hacer un 15% si me pagan al contado?”, cuestionó.
Martínez fue tajante con el gobierno nacional: “No creo que esté enfocado en estos problemas. Nos tenemos que arreglar entre nosotros”. En ese marco, insistió en lanzar una nueva edición de El Marcatón a partir del 1° de septiembre, pero con reglas más flexibles y adaptadas a la crisis. Su mensaje fue claro: “El supermercadista no espera más ayuda. O nos reinventamos o cerramos. Si compramos caro, después nadie baja los precios. Entonces no compramos. Se terminó”.
