
Ana, una de las referentes de la comunidad y trabajadora incansable en la capilla, pidió ayuda a través de una entrevista radial: “Necesitamos la solidaridad de todos. Más que nada estamos organizando un bingo, al cual necesitamos vendedores”.
La situación es crítica. Las aulas donde asisten más de 120 niños para participar de catequesis los días sábados están prácticamente inutilizables. “Las aulas están en estado malos”, dijo Ana, con una mezcla de resignación y urgencia. Según relató, solo dos aulas están en condiciones mínimas para ser usadas, y aún así, carecen de piso y presentan severas filtraciones.
Al recorrer el edificio, se aprecian los estragos que causan las lluvias. La estructura de durlock del techo está completamente destruida. “Esto es producto de las filtraciones de agua que estamos teniendo y, lamentablemente, tenemos una sola salida de agua, una sola canaleta que no tiene varias bocas. Todo se empoza ahí y filtra para acá adentro”, explicó.
A pesar de tratarse de una parte “nueva” de la capilla, con solo cuatro o cinco años de antigüedad, ya se observan rajaduras en las paredes. “En el fondo la arreglamos nosotros”, agregó Ana, dejando claro que el mantenimiento corre por cuenta de los vecinos, sin ayuda estatal.
Mientras la cámara muestra el interior, Ana indica las fallas edilicias. En una de las aulas “en condiciones” no hay piso, y el techo evidencia grandes manchas de humedad. “Mire la humedad que se produce”, señala. En la tercera aula, la más grande, las paredes están agrietadas y el techo se deteriora. Las mesas y sillas han sido donadas por padres, otras por el párroco y algunas fueron fabricadas por los propios colaboradores: “Ese mesón lo hizo una compañera”, contó.
La comunidad no se queda de brazos cruzados. Ana y su grupo están organizando un bingo solidario para el 31 de agosto a las 13 horas, que se realizará en la esquina frente a la capilla. Pero necesitan apoyo logístico. “Necesitamos vendedores, necesitamos que la gente se sume, que colaboren”, insistió. También aclara que afuera hay un cartel con un número de teléfono para quienes deseen comprar cartones, colaborar o sumarse como vendedores.
La lista de necesidades es larga y urgente: “Principalmente aulas, aulas nuevas. Solamente dos tenemos en condiciones”, repitió Ana. Pero no se trata solo de aulas: hacen falta baños, cocina y una estructura edilicia digna para los más de 120 niños que participan cada semana.
“Aquí muchas cosas las hacemos gracias a los papás que colaboran, que toman conciencia porque sus hijos asisten a la catequesis”, destacó Ana, dando cuenta del esfuerzo colectivo que mantiene vivo el espacio. Sin embargo, el esfuerzo vecinal no alcanza.
Consultada sobre si han solicitado apoyo al gobierno, Ana fue claró: “Sí, ya hemos andado por el gobierno, pero no. Nos visitaron, nos prometieron, pero visto cómo está la situación esta, que siempre hay un pero para todo”.
Por ahora, la esperanza está puesta en el bingo solidario, una iniciativa que tiene como objetivo comenzar a recaudar fondos para intervenir las aulas deterioradas. “Simplemente pido cinco o seis aulas nada más, baños y cocina”, expresó.