
La muestra artesanal de la 55° Fiesta Nacional e Internacional del Poncho se consolida como el corazón identitario del evento a través de un despliegue único de tramas y texturas. En los pabellones del Predio Ferial, el público puede apreciar ponchos, ruanas, chalinas y puyos confeccionados en fibras de vicuña, llama, oveja y seda de gusano. Esta propuesta, que refleja el conocimiento ancestral y la creatividad de las comunidades catamarqueñas, se convirtió en un paso obligado que puede visitarse todos los días en el horario de 14 a 23 horas.
El talento de los tejedores de Laguna Blanca, Belén, Antofagasta de la Sierra y Londres destaca especialmente en el manejo de la fibra de vicuña, logrando prendas que sorprenden por su diseño y su ligereza. Un claro ejemplo de esta maestría técnica es que un poncho de vicuña pesa apenas un kilogramo aproximadamente, mientras que las chalinas promedian los 300 gramos. A estas piezas se suman diseños contemporáneos con guardas, rayas e innovadoras fusiones como ponchos de vicuña con bordados en seda y prendas teñidas con tintes naturales a base de remolacha.
La riqueza de la muestra trasciende el plano comercial para transformarse en un espacio de intercambio cultural y académico entre los artesanos y el público. Visitantes y estudiantes destacan la apertura de las teleras para transmitir los secretos del oficio, un valor humano que envuelve a cada una de las piezas que además participan en competencia por el certamen de mejores artesanías del Poncho 2026. Entre los expositores se encuentran historias de vida icónicas, como la de la tejedora belenista Aida del Socorro Soria de Álvarez, quien tras ganar el premio al mejor poncho de llama en 2025, regresó este año para competir con una prenda confeccionada con la fibra obtenida en dicho galardón.
La oferta textil se completa con los reconocidos puyos de Corral Quemado, tejidos en lana de oveja y fibra de llama de diversas medidas, altamente demandados por los turistas debido a su calidad y su imbatible capacidad de abrigo frente al frío. Cada una de estas obras de arte sintetiza el patrimonio inmaterial de la provincia de Catamarca, logrando que el Pabellón de Artesanías sea un testimonio vivo donde coexisten la tradición de los hilados, la innovación sustentable y el relevo generacional de las familias tejedoras del norte argentino.