
El terremoto que sacudió a Catamarca en 2004 marcó un quiebre definitivo en las normativas y en las exigencias de los sistemas de edificación civil de toda la provincia. El arquitecto Nicolás Lindow, expresidente de la Unión de Arquitectos y exresponsable de relevamientos en Obras Públicas, detalló que a partir de ese hito sÃsmico "quedó prohibido" el uso de hierros del 4,2 en columnas y vigas, imponiéndose el hierro del 6 como estándar mÃnimo obligatorio. A pesar de que la provincia está catalogada formalmente por el INPRES en zona sÃsmica 2 (moderada), la magnitud de 6,4 de aquel evento obligó a aplicar consideraciones de cálculo estructural mucho más severas, equiparables a una zona 3.
La reforma de las reglas constructivas se aplicó con rigurosidad en la obra pública, logrando adecuar estructuralmente entre un 60% y un 70% de las escuelas de la Capital hasta el año 2007. El especialista explicó que los trabajos se basaron en alivianar las estructuras superiores, reemplazando los antiguos y peligrosos techos de bovedilla por cubiertas modernas y livianas que responden de forma más eficiente ante las ondas sÃsmicas. Adicionalmente, las nuevas escuelas comenzaron a incorporar un sistema de trabado con dos hierros del 6 cada tres o cuatro hiladas de ladrillos en sus paredes, garantizando que la mamposterÃa no colapse de forma lateral durante un movimiento telúrico.
En el ámbito privado, la normativa actual exige la presentación obligatoria del cálculo estructural para registrar cualquier plano, conviviendo con el preocupante fenómeno de la autoconstrucción informal. Lindow advirtió que las viviendas que cuentan con la conducción de un profesional técnico garantizan una óptima protección bajo estricta responsabilidad civil y penal por diez años, pero los asentamientos y desarrollos periféricos carecen de este resguardo elemental. El profesional fue tajante al señalar que el objetivo de estas reglas sismorresistentes no es crear un búnker indestructible, sino "soportar a que vos puedas estar y salir" con vida del lugar antes de que ocurra un colapso generalizado.
A pesar de la evolución en las leyes de construcción y los materiales autorizados, el balance a más de dos décadas del sismo demuestra que el riesgo persiste por la falta de prevención social y los "edificios laberinto". El arquitecto lamentó que muchas dependencias estatales antiguas sigan presentando serias deficiencias operativas, con falta de salidas de emergencia despejadas y puertas de acceso masivo que insólitamente continúan abriendo hacia el interior. En este sentido, enfatizó que la comunidad catamarqueña debe recuperar la periodicidad de los simulacros de evacuación para automatizar los roles de resguardo y evitar que el pánico agrave las consecuencias edilicias ante un futuro siniestro natural.