
El Mundial de Fútbol Masculino 2026 inició su primera instancia el jueves 11 de junio con gran entusiasmo por parte de los fanáticos, pero a su vez generó temor en los expertos de salud pública, ya que estiman una afluencia aproximada de más de 6 millones de personas en los países anfitriones (Canadá, Estados Unidos y México).
Dejando de lado el beneficio económico y turístico, se sabe que una multitud de ese tamaño podría generar algún brote o cadena de contagio que ponga en riesgo la salud de los participantes y se extienda rápidamente. Al respeto, la Dra. Rebecca Katz, magíster en Salud Pública, co-dirige el “Health Security Operations Center”, un equipo de coordinación independiente centrado en las amenazas de enfermedades infecciosas. Para la profesional, "este evento masivo en concreto es especialmente complejo, porque intervienen tres países distintos y más de 48 jurisdicciones diferentes si contamos los campos base y los desplazamientos de personas entre todos ellos". Las principales enfermedades que mantienen atento al personal sanitario son el ébola, las infecciones de transmisión sexual, el sarampión, el dengue, la hepatitis A e infecciones gastrointestinales y respiratorias. Hasta el momento la doctora afirma: "Seguimos un amplio abanico de patógenos, pero diría que ahora mismo el que más nos preocupa es el sarampión”.
La especialista detalló: “Hemos detectado casos en Estados Unidos, Canadá y México. En referencia al brote más importante activo en estos momentos a escala mundial es el de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda”. El Ministerio de Salud congoleño confirmó 782 casos y 181 fallecidos; ante esto EE. UU. impuso restricciones de viaje a los pasajeros procedentes de países afectados. Katz explicó: “Toda la comunidad sanitaria internacional sigue muy de cerca lo que ocurre en la República Democrática del Congo, es un motivo de gran preocupación y hay un esfuerzo enorme en marcha para tratar de ayudar a la RDC y a Uganda en su respuesta".
La medida más efectiva que están utilizando es la vigilancia de las aguas residuales, una herramienta que se expandió notablemente durante el COVID-19. Defienden la eficacia de este método para identificar cualquier rastro de ébola, lo que permite emitir una alerta temprana y avisar a las autoridades sanitarias del área correspondiente para evitar que la enfermedad se extienda.




