
En una entrevista, Gallo aseguró que permaneció en condiciones que calificó como "deplorables". Según relató, los detenidos dormían en el piso, convivían con cucarachas y hormigas y consumían agua con óxido. Además, señaló que el aislamiento y la incertidumbre fueron algunos de los aspectos más duros de la experiencia.
"Lo más duro es la incertidumbre y ver a un compañero que lo están torturando y no poder hacer nada", expresó.
El gendarme contó que las autoridades venezolanas lo acusaron de espionaje, terrorismo, conspiración y financiamiento del terrorismo. También sostuvo que los custodios mantenían sus rostros cubiertos y que los internos debían identificarse todos los días bajo estrictos controles.

La liberación
Sobre los momentos previos a recuperar la libertad, Gallo afirmó que lo obligaron a firmar documentos en los que se dejaba constancia de que había recibido un trato adecuado y acceso a distintos servicios, algo que negó.
Asimismo, indicó que debió grabar un video para mostrar que se encontraba en buenas condiciones.
El regreso a la Argentina
Ya de regreso en el país, el gendarme señaló que se encuentra acompañado por su familia y por la institución. Actualmente cumple funciones administrativas en Gendarmería Nacional y disfruta del tiempo junto a su hijo Víctor, que este año cumplió tres años.
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