
Este 11 de mayo se recuerda un nuevo aniversario del nacimiento de Fray Mamerto Esquiú, una de las figuras religiosas e históricas más importantes de Catamarca y del país. A casi cuatro años de su beatificación, el proceso para que sea declarado santo continúa abierto y depende de un requisito clave: la aprobación de un segundo milagro atribuido a su intercesión.
Mamerto de la Ascensión Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 en Piedra Blanca, departamento Fray Mamerto Esquiú. Fue fraile franciscano, docente, legislador y posteriormente obispo de Córdoba. Su figura trascendió por sus sermones, su defensa de la Constitución Nacional y su fuerte compromiso social y religioso.
El 4 de septiembre de 2021, el Vaticano lo declaró beato tras reconocer oficialmente un milagro atribuido a su intercesión. Sin embargo, para alcanzar la canonización y convertirse en santo, la Iglesia Católica exige un nuevo milagro ocurrido después de esa beatificación.
El milagro que permitió su beatificación
El caso que abrió las puertas a la beatificación fue el de Emma, una niña de San Miguel de Tucumán que sufrió una grave infección ósea en el fémur y la cadera durante sus primeros años de vida.
Según relataron médicos y familiares, la enfermedad comprometía seriamente su salud y existía riesgo de amputación. “Era una infección tremenda, generalizada en toda la pierna”, recordó uno de los profesionales que participó del tratamiento.
La madre de la niña contó que, en medio de la desesperación, recibió una estampita de Fray Mamerto Esquiú y comenzó a rezar junto a su familia. “Le hicimos la oración y mi hermana le pasaba la estampita por la pierna”, relató.
Con el correr de los días, la evolución clínica sorprendió incluso al equipo médico. Los estudios comenzaron a mostrar una recuperación considerada extraordinaria. “Esto no puede ser, este es un milagro”, habría expresado uno de los especialistas al observar los resultados.
El caso fue analizado por juntas médicas y teológicas del Vaticano, que en abril de 2020 concluyeron que la recuperación no tenía explicación científica. Ese dictamen permitió que el papa Francisco aprobara la beatificación del fraile catamarqueño.
Qué falta para que sea santo
Actualmente, la causa de canonización sigue abierta y existe una comisión dedicada a impulsar el proceso y difundir la figura de Esquiú.
No obstante, la Iglesia todavía no reconoció un segundo milagro oficial, condición indispensable para avanzar hacia la santidad. Se trata de un procedimiento que puede demandar años, ya que cada caso debe atravesar rigurosas evaluaciones médicas, científicas y religiosas antes de ser aprobado por el Vaticano.
El fraile que marcó la historia argentina
Más allá de la dimensión religiosa, Fray Mamerto Esquiú ocupa un lugar destacado en la historia nacional. Su sermón pronunciado el 9 de julio de 1853 en defensa de la Constitución Nacional lo convirtió en una figura de enorme influencia política y social.
“Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria”, expresó en una de sus frases más recordadas, durante un discurso que luego fue distribuido oficialmente en distintos puntos del país.
Además de su tarea pastoral, fue maestro, profesor de filosofía y diputado provincial. También impulsó debates vinculados a la educación, la institucionalidad y la libertad de prensa.
Una vida marcada por la humildad
Criado en una familia humilde de Piedra Blanca, Esquiú ingresó desde muy pequeño al ámbito franciscano. A los 22 años fue ordenado sacerdote y rápidamente ganó reconocimiento por la sencillez de sus prédicas y su cercanía con los sectores más vulnerables.
Quienes lo conocieron destacaban su austeridad y compromiso con los pobres. “Aquella casa en que vea entrar y salir una inmensa multitud de pobres y menesterosos, esa es la casa del obispo”, relataban en Córdoba sobre su rutina diaria.
En 1880 fue designado obispo de Córdoba por decisión papal, luego de haber rechazado anteriormente distintos cargos eclesiásticos.
Su muerte y las sospechas
Fray Mamerto Esquiú falleció el 10 de enero de 1883 durante una gira pastoral entre Catamarca y La Rioja. Tenía 56 años.
Su muerte estuvo rodeada de versiones y sospechas de envenenamiento, motivo por el cual incluso se realizó una autopsia a pedido del entonces presidente Julio Argentino Roca. Aunque los médicos descartaron la presencia de veneno, las dudas persistieron durante años.
Aunque la tumba de Fray Mamerto Esquiú continúa estando en el lateral izquierdo del altar mayor de la Catedral de Córdoba, el 4 de octubre de 2018, parte de sus restos fueron trasladados en tres urnas especiales de acrílico hasta el Obispado de Catamarca y la sede provincial de los Franciscanos. En ellas se distribuyeron dos vértebras y dos falanges del fraile, el hábito y sus sandalias, y tierra de su primera sepultura.


