
La situación en Palo Labrado se vuelve cada dÃa más crÃtica tras la crecida del rÃo, que arrasó con parte de la infraestructura clave para el suministro de agua. Vecinos relatan que llevan al menos dos meses atravesando esta problemática, sin acceso regular a un recurso esencial. La escasez golpea con mayor dureza a familias con niños y adultos mayores, que dependen de un abastecimiento intermitente que apenas alcanza para cubrir necesidades básicas.
El problema se originó, según explican los propios habitantes, por la rotura de la toma principal, agravada por la acumulación de arena que impide su funcionamiento. Ante esta situación, el suministro depende de horarios restringidos o de fuentes alternativas como cisternas, que no están destinadas a todos los sectores por igual. Esto genera una distribución desigual, donde algunas zonas reciben agua mientras otras quedan completamente desabastecidas.
A la crisis hÃdrica se suma el deterioro de los accesos, con un vado destruido que dificulta la circulación y deja a parte de la población prácticamente aislada. La pasarela peatonal se convierte en el único medio de conexión, obligando incluso a docentes y trabajadores a dejar sus vehÃculos y continuar a pie. Esta situación se vuelve especialmente grave en casos de emergencia, ya que las ambulancias deben realizar largos rodeos para poder ingresar.
Mientras tanto, la asistencia llega de manera esporádica, como los camiones que en ocasiones distribuyen agua para aliviar la situación. Sin embargo, los vecinos advierten que las soluciones son temporales y no alcanzan para resolver un problema estructural que afecta a toda la región.

