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“Cancino viene, Cancino va”: el recuerdo de un entrañable personaje catamarqueño

Con una emotiva publicación en Facebook, la investigadora y docente Natalia Lorena Fernández recordó la historia de Rafael Benjamín Cancino, un hombre humilde, trabajador y honesto que dejó una marca imborrable en la memoria popular de Catamarca.

Por Redacción Inforama

Conocida por su incansable labor en la recuperación de personajes y relatos del pasado catamarqueño, Natalia Lorena Fernández volvió a sorprender en sus redes sociales. Esta vez, trajo al presente la historia de Rafael Benjamín Cancino, a quien definió como una "reliquia viviente" de la vieja Catamarca, esa donde “las palabras confianza y respeto eran muy valiosas”.

Cancino, nacido el 31 de mayo de 1901, fue un verdadero “trotacaminos” que iba y venía entre Valle Viejo y la capital a pie, siempre con su gorra negra y una misión por cumplir. Conocido por su desinterés por el dinero, cobraba lo que sus vecinos podían o querían pagarle y aceptaba botellas de vidrio para revender.

Su figura se volvió entrañable en el imaginario colectivo de la ciudad: todos confiaban en él, lo saludaban, lo ayudaban, y lo respetaban. Rechazaba los traslados en auto con una frase que lo retrataba: “No gracias, estoy apurado”, como si su caminar fuera también una forma de libertad. Fernández destaca cómo su andar por la Avenida Presidente Castillo se convirtió en parte del paisaje cotidiano.

Cancino falleció trágicamente el 26 de junio de 1981, atropellado por un conductor que nunca se detuvo. Con profundo respeto, Natalia cerró su publicación con una poesía que lo inmortaliza: “Cancino viene, Cancino va”, recordándonos que su historia sigue viva gracias a quienes, como ella, se dedican a honrar la memoria colectiva de Catamarca.